De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas cerca de 2 mil millones de personas viven en países con altos niveles de estrés hídrico, un escenario que incrementa la presión sobre industrias intensivas en el uso de agua, como la minería. Este contexto está acelerando la necesidad de operar de manera más eficiente, reduciendo el consumo y maximizando la reutilización del recurso dentro de los procesos productivos.
Frente a este desafío, la industria minera viene evolucionando hacia un modelo más circular, en el que el agua deja de ser un insumo de un solo uso para convertirse en un recurso que se gestiona, recircula y optimiza a lo largo de toda la operación. Este cambio no solo responde a una necesidad ambiental, sino también a una lógica operativa: producir más con menos recursos.
“Hoy la minería enfrenta un doble reto: mejorar su productividad y, al mismo tiempo, reducir su impacto sobre el agua. La clave está en tener visibilidad del proceso completo para tomar decisiones en tiempo real y optimizar cada etapa”, señala Sergio Cepeda, líder de División Minería de Ecolab para Latinoamérica Sur, Centroamérica y Caribe.
La incorporación de tecnología se ha convertido en un habilitador clave en este proceso. Soluciones digitales permiten monitorear variables críticas del agua, como su calidad, composición química y comportamiento dentro de la operación, lo que facilita realizar ajustes inmediatos que impactan directamente en la eficiencia.
Herramientas como 3D TRASAR™, desarrolladas por Ecolab, permiten supervisar en tiempo real el desempeño de los sistemas hídricos dentro de la operación minera. A partir de esta información, es posible optimizar la dosificación de químicos, reducir pérdidas y mejorar la recuperación de minerales en procesos como la flotación.
En operaciones mineras, pequeñas variaciones en la calidad del agua pueden impactar directamente en la eficiencia de procesos como la flotación y, en consecuencia, en la recuperación de metales. Por ello, contar con información en tiempo real no solo permite optimizar el uso del recurso, sino también mejorar el rendimiento metalúrgico y la rentabilidad de la operación.
“Cuando se gestiona correctamente el agua dentro del circuito, no solo se reduce el consumo, sino que también se mejora la estabilidad del proceso y la recuperación de metales. Esto demuestra que sostenibilidad y productividad pueden avanzar de la mano”, añade Cepeda.
En la práctica, esta transformación se refleja en la implementación de circuitos de recirculación que permiten reutilizar el agua varias veces dentro de la operación, así como en la optimización de procesos clave como la flotación, donde una mejor gestión del recurso impacta directamente en la eficiencia metalúrgica. A ello se suma el uso de monitoreo en tiempo real, que permite anticipar desviaciones y tomar decisiones oportunas, y una gestión más eficiente de relaves, orientada a recuperar agua y reducir pérdidas.
En un entorno donde cada recurso cuenta, la minería viene demostrando que es posible producir más con menos. La tecnología no solo está redefiniendo la forma en la que se gestiona el agua, sino también cómo se entiende la eficiencia dentro de la operación, integrando sostenibilidad y productividad como parte de una misma estrategia.













