Dom. Mar 15th, 2026

Repunte del carbón reactiva posibilidad de fusión entre Glencore y Rio Tinto

Glencore volvió a sacudir el escenario minero global. Su director ejecutivo, Gary Nagle, considera que el reciente repunte del carbón abre una nueva oportunidad para retomar un posible acuerdo con Rio Tinto. La idea apunta a crear el mayor grupo minero del mundo, con mayor presencia en cobre y una plataforma de comercialización de materias primas más robusta.

El planteamiento no surge de una declaración aislada. Durante reuniones recientes con inversionistas en Australia, ejecutivos de Glencore y Rio Tinto volvieron a evaluar el panorama del mercado. En esos encuentros, según inversionistas consultados por Reuters, Nagle expresó optimismo sobre la posibilidad de retomar las conversaciones una vez que expire en agosto la restricción impuesta por el código británico de adquisiciones.

Las negociaciones anteriores se rompieron en febrero, no por falta de lógica industrial, sino por desacuerdos en la valoración de ambas compañías. Rio Tinto concluyó entonces que la operación no ofrecía suficiente valor para sus accionistas, mientras que Glencore sostuvo que el mercado subestimaba tanto su negocio de cobre como su división de comercialización global.

El interés de Glencore por una posible fusión no es reciente. La compañía ya había impulsado acercamientos en años anteriores, incluida una ronda de conversaciones en 2024. Esta persistencia refleja que el proyecto se percibe dentro de la empresa como una estrategia de largo plazo para ganar escala y reposicionarse frente al nuevo ciclo de demanda de cobre.

Desde entonces, el contexto del mercado ha cambiado. Desde inicios de enero, los precios del carbón y las acciones de Glencore avanzaron cerca de 26%, mientras que los títulos de Rio Tinto subieron alrededor de 9%, afectados por un desempeño menos dinámico del hierro. Ese movimiento modificó el equilibrio relativo entre ambas compañías en un eventual grupo combinado.

Con este ajuste, la participación teórica de Glencore en el valor conjunto pasaría de alrededor de 31.5% a cerca de 35%. En una megafusión, incluso pequeñas variaciones en la valoración pueden alterar el reparto accionario, el control corporativo y el relato financiero ante los inversionistas. Aunque la empresa aspiraba inicialmente a una participación cercana al 40%, la brecha ahora parece menor que a comienzos del año.

Otro elemento clave en la ecuación es el brazo comercial de Glencore. Para Rio Tinto, esa red global de trading representa acceso directo a información de mercado, contratos de suministro y capacidad para colocar grandes volúmenes de materias primas en distintos destinos. Pocas compañías mineras combinan operaciones extractivas con una plataforma comercial de ese tamaño.

El trasfondo estratégico de todo el proceso es el cobre. Glencore ha insistido en que su crecimiento futuro estará centrado en este metal, con el objetivo de producir más de un millón de toneladas anuales hacia 2028 y aspirar a 1.6 millones de toneladas para 2035. Rio Tinto, por su parte, aportaría escala operativa y una base diversificada en hierro, aluminio, litio y cobre.

El interés en el cobre responde a su creciente importancia para la transición energética. La International Energy Agency considera a este metal como uno de los minerales críticos para la electrificación, el desarrollo de redes eléctricas y la expansión de infraestructura tecnológica, incluidos los centros de datos. Una compañía con mayor tamaño y capacidad financiera podría acelerar proyectos complejos que requieren grandes inversiones y largos plazos de desarrollo.

Sin embargo, el carbón sigue siendo el principal obstáculo para un acuerdo. Rio Tinto abandonó este negocio en 2018 y vendió sus últimos activos australianos por unos 3,950 millones de dólares, parte de los cuales terminaron precisamente en manos de Glencore. Reincorporar carbón a su portafolio supondría un cambio estratégico difícil de justificar para muchos de sus accionistas.

A esta tensión se suman preocupaciones sobre gobierno corporativo. A inicios de año, varios fondos australianos enviaron una carta al directorio de Rio Tinto expresando inquietudes sobre el historial de investigaciones por corrupción que ha enfrentado Glencore. Este tipo de factores puede complicar cualquier megafusión, especialmente cuando intervienen inversionistas institucionales con fuertes exigencias de gobernanza.

Por ahora, la posibilidad de un acuerdo permanece en pausa. Las reglas del mercado británico impiden retomar formalmente las negociaciones antes de agosto, salvo circunstancias especiales. Aun así, el tema sigue abierto: Glencore confía en que el mercado puede acercar posiciones, mientras que Rio Tinto aún no ha mostrado señales claras de querer volver a la mesa de negociación.

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