Mar. Mar 31st, 2026

Minería en Perú: convertir recursos en desarrollo real

El Perú es, por naturaleza, un país minero. La abundancia de recursos y el peso del sector en la economía lo confirman. Sin embargo, el verdadero desafío no está en el subsuelo, sino en la capacidad del Estado para convertir esa riqueza en bienestar tangible para la población.

Cada año, la minería genera miles de millones de soles a través de impuestos, canon y regalías. El problema no es la falta de recursos, sino la dificultad para ejecutarlos de manera eficiente. La fragmentación institucional y la débil gestión pública impiden que ese flujo se traduzca en servicios y oportunidades en las zonas donde más se necesita.

Frente a esta brecha, el país requiere una propuesta concreta y aplicable. Una alternativa es la creación de un equipo multisectorial con alta capacidad técnica y respaldo político, enfocado en intervenir directamente en territorios vinculados a proyectos mineros estratégicos.

La clave está en priorizar. En lugar de dispersar esfuerzos, el Estado puede concentrar recursos y gestión en un número acotado de proyectos piloto distribuidos en distintas regiones. Estos casos servirían como demostración de que la minería puede generar desarrollo visible y sostenido.

Este equipo tendría un mandato claro: no solo destrabar inversiones, sino coordinar acciones en el territorio. Eso implica articular a los distintos niveles de gobierno, acompañar la ejecución de proyectos públicos y asegurar que los recursos mineros se utilicen con criterios de impacto.

Un instrumento central en este esquema sería el uso de fideicomisos. A través de ellos, los recursos generados por la actividad minera podrían administrarse con reglas claras, garantizando su destino hacia infraestructura, salud, educación y servicios básicos, y reduciendo riesgos de uso ineficiente.

A la par, resulta necesario incorporar una visión de largo plazo. En esa línea, la creación de un fondo soberano permitiría gestionar parte de los ingresos extraordinarios del sector, estabilizando su uso frente a la volatilidad de los precios internacionales.

Un fondo con gobernanza técnica e independencia operativa podría financiar proyectos de alto impacto y, al mismo tiempo, funcionar como mecanismo de ahorro en períodos de bonanza. Esto permitiría sostener la inversión pública incluso en contextos fiscales más restrictivos.

El punto de fondo no es crear más estructuras, sino mejorar la calidad del gasto. La evidencia muestra que en varias regiones persisten bajos niveles de ejecución, incluso en sectores críticos. Esta ineficiencia no solo retrasa el desarrollo, sino que también debilita la legitimidad de la actividad minera.

En ese contexto, la sostenibilidad del sector depende en gran medida de su aceptación social. Cuando las comunidades perciben beneficios concretos —mejores servicios, infraestructura y oportunidades—, la minería gana respaldo. Cuando eso no ocurre, aumentan los conflictos.

Por eso, el objetivo debe ser claro: cerrar la distancia entre los recursos que genera la minería y el bienestar que promete. Lograrlo no requiere reinventar el Estado, sino hacerlo funcionar con foco, coordinación y resultados. Allí se juega no solo el futuro del sector, sino una oportunidad clave de desarrollo para el país.

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