Durante años, el sector hidrocarburos en el Perú ha operado bajo un modelo tradicional basado en la extracción, producción y descarte. Sin embargo, en el contexto actual comienza a tomar fuerza un enfoque distinto: la economía circular, una propuesta que busca compatibilizar la actividad industrial con el entorno y optimizar el uso de recursos.
El desafío ya no radica únicamente en posicionar este concepto en la agenda pública y empresarial, sino en lograr su adopción a gran escala con impactos concretos y medibles. En ese marco, la Cámara Oficial de Comercio de España en el Perú, junto con el diario Gestión, organizará el II Foro de Economía Circular el próximo 21 de abril, con el objetivo de analizar avances, brechas y oportunidades en sostenibilidad e innovación.
De acuerdo con su presidente, Diego Herranz, existe una base inicial de interés empresarial, acompañada de intención de inversión y un ecosistema emergente de información y asesoría. No obstante, este aún resulta insuficiente para impulsar una implementación extendida en el país.
El Perú no parte desde cero en esta materia. En los últimos años, ha incorporado la economía circular en su política de competitividad mediante instrumentos como el Plan Nacional de Competitividad y Productividad 2024–2030 y diversas hojas de ruta sectoriales, respaldadas en varios casos por cooperación internacional.
Pese a estos avances, el reto principal sigue siendo trasladar las estrategias del papel a la práctica. Datos recogidos en 2025 muestran que más de la mitad de las empresas perciben la economía circular como una oportunidad, pero una mayoría significativa no ha recibido capacitación ni asesoría reciente sobre el tema.
Esta brecha evidencia que todavía falta integrar la circularidad en decisiones clave de negocio, como el diseño de productos, la gestión de compras, los procesos operativos y la valorización de residuos, así como en la creación de nuevos modelos empresariales.
En el caso específico del sector hidrocarburos, aún se espera conocer con mayor precisión el nivel de adopción y disposición del sector privado. Un nuevo estudio, cuyos resultados serán presentados en el foro, permitirá analizar estas tendencias tanto a nivel sectorial como regional.
No avanzar hacia modelos circulares implica mantener ineficiencias en el uso de materiales, energía y agua, además de una gestión menos eficiente de los residuos. Esto ocurre en un entorno donde la competitividad exige cada vez mayores estándares ambientales y operativos.
A ello se suman riesgos reputacionales, regulatorios y sociales. Un rezago en sostenibilidad podría dificultar la atracción de inversiones, afectar la confianza de los mercados y limitar la capacidad de respuesta ante nuevas exigencias de clientes y ciudadanos.
Desde esta perspectiva, la economía circular deja de ser un elemento accesorio y pasa a formar parte de la estrategia empresarial. Además de mejorar la eficiencia, también contribuye a fortalecer la imagen corporativa y la relación con los consumidores.
Finalmente, aunque existe una mayor articulación entre el sector público, privado, la academia y la cooperación internacional, aún se requiere fortalecer estos vínculos. El reto ahora es consolidar una agenda más activa y orientada a la implementación, capaz de acelerar la transición hacia un modelo circular en todo el país.













