Lun. May 11th, 2026

Avino Silver & Gold acelera su apuesta de crecimiento con meta de hasta 10 millones de onzas para 2029

Avino Silver & Gold publicó en mayo de 2026 una presentación corporativa con una meta que, sobre el papel, luce agresiva: elevar su producción hasta un rango de 8 a 10 millones de onzas equivalentes de plata anuales hacia 2029. La cifra es lo suficientemente ambiciosa para captar atención en el mercado, pero también lo bastante amplia como para abrir interrogantes sobre cómo piensa ejecutarse realmente el crecimiento.

Actualmente, la minera produce entre 2.4 y 2.7 millones de onzas equivalentes de plata al año. Alcanzar la meta planteada implicaría triplicar —o incluso cuadruplicar— su producción en menos de cuatro ejercicios fiscales. Para una compañía de escala junior-intermedia listada en NYSE American y TSX bajo el ticker ASM, el desafío no es menor: no se trata únicamente de crecer, sino de sostener ese crecimiento con infraestructura, permisos y capital suficientes.

La estrategia de expansión de Avino descansa sobre tres pilares principales: las operaciones Avino y San Gonzalo en México, el reprocesamiento de jales oxidados en el mismo distrito y el activo aurífero Bralorne en British Columbia. Cada uno de esos componentes tiene un perfil operativo y financiero distinto. Integrarlos bajo una sola narrativa corporativa funciona en términos de comunicación con inversionistas, aunque la ejecución práctica luce considerablemente más compleja.

Las minas Avino y San Gonzalo, ubicadas en Durango, siguen siendo hoy el núcleo productivo de la empresa. El complejo procesa mineral polimetálico con presencia de plata, oro y cobre, y precisamente los créditos derivados del cobre han sido históricamente un factor relevante para sostener márgenes operativos. Esto significa que, aunque la empresa se promocione como un productor enfocado en plata, la rentabilidad del negocio continúa teniendo una sensibilidad importante frente al comportamiento del cobre.

Dentro de las iniciativas de corto plazo, el reprocesamiento de jales oxidados aparece como la alternativa más inmediata para incrementar producción. Este tipo de proyectos tiene ventajas operativas evidentes: evita desarrollos mineros profundos, requiere menos infraestructura nueva y enfrenta menores tiempos de permisos comparado con una mina greenfield. Sin embargo, el potencial de crecimiento tampoco es ilimitado; la ley del material y el volumen disponible podrían restringir cuánto puede contribuir realmente al objetivo de 2029.

Durango ofrece además una ventaja relativa desde el punto de vista operativo. No posee la misma exposición mediática o concentración de capital que estados como Sonora o Zacatecas, pero tampoco arrastra un historial particularmente problemático para la minería. Avino lleva años trabajando en la región y conoce el comportamiento geológico y operativo de sus yacimientos. Esa experiencia reduce riesgos de continuidad, aunque no necesariamente resuelve el principal desafío: la capacidad de escalar a una producción varias veces superior.

En Canadá, el proyecto Bralorne representa la apuesta de crecimiento aurífero de la compañía. Se trata de un activo histórico en British Columbia con mineralización de alta ley y antecedentes de producción que se remontan décadas atrás. Precisamente ese historial genera opiniones divididas: por un lado, aporta validación geológica; por otro, implica enfrentar los altos costos asociados a rehabilitar infraestructura antigua en una región montañosa con desafíos logísticos relevantes.

Aunque British Columbia atraviesa un nuevo ciclo de interés exploratorio, impulsado en parte por el entusiasmo alrededor del Golden Triangle, Bralorne no forma parte directa de esa zona. El proyecto sí ofrece exposición atractiva al oro, pero aún carece de una decisión pública de construcción y actualmente no genera producción comercial. Para que se convierta en un motor relevante dentro de la meta 2029, Avino tendría que acelerar de forma significativa tanto inversión de capital como procesos regulatorios.

El reciente movimiento alcista de la acción —cercano al 9% en una semana— llamó la atención del mercado, aunque el contexto matiza el entusiasmo. Antes de ese rebote, el papel acumulaba una caída cercana al 24% en un periodo de tres meses. Más que una revalorización basada en fundamentos transformacionales, el comportamiento reciente parece responder a una recuperación técnica favorecida por el entorno positivo para los metales preciosos.

El precio de la plata sigue siendo el principal factor macro para la compañía. Con el metal cerca de máximos del ciclo reciente, Avino se beneficia de un entorno favorable; sin embargo, también compite contra productores de mayor escala y estructuras de costos más eficientes como First Majestic Silver, MAG Silver y Pan American Silver. En ese contexto, el mercado no solo evalúa crecimiento de producción, sino también la capacidad de generar márgenes sostenibles.

Ahí aparece uno de los puntos más sensibles de la tesis: el costo all-in sustaining cost (AISC). Hasta ahora, Avino no ha presentado públicamente una guía clara sobre cuál sería el AISC esperado si alcanza el rango de 8 a 10 millones de onzas equivalentes en 2029. Escalar producción implica inversiones relevantes, posibles emisiones de deuda o dilución accionaria y procesos de permisos que rara vez avanzan exactamente según los cronogramas corporativos. Por eso, más que la ambición del objetivo, la gran pregunta para el mercado sigue siendo si la empresa cuenta con el capital, el tiempo y la estructura operativa necesarios para convertir esa aspiración en un plan financieramente viable.

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