Estados Unidos ha acelerado su ofensiva financiera sobre los minerales críticos de América Latina. Un informe del estudio legal White & Case estima que, desde enero de 2025, se han comprometido más de US$1.000 millones en inversiones dirigidas principalmente al litio, el cobre y las tierras raras. El mensaje es tanto económico como político: Washington busca reducir su vulnerabilidad en insumos estratégicos para baterías, redes eléctricas, manufactura avanzada y defensa. En ese contexto, la industria minera de la región vuelve a situarse en el centro del tablero global.
La explicación está, en gran parte, bajo tierra. La Agencia Internacional de la Energía calcula que América Latina y el Caribe concentran más de un tercio de las reservas mundiales de plata, cobre y litio. El Servicio Geológico de Estados Unidos describe además una base especialmente sólida para el litio en la región andina. Argentina cuenta con unos 23 millones de toneladas de recursos, Bolivia reporta una cifra similar y Chile suma alrededor de 11 millones. Brasil también destaca en este mapa: posee cerca de 21 millones de toneladas de reservas de tierras raras, superado únicamente por China.
Con ese potencial geológico, las inversiones han comenzado a tomar forma en proyectos concretos. En mayo de 2025, Argentina aprobó el proyecto Rincón de Río Tinto, ubicado en la provincia de Salta. Fue el primer emprendimiento minero aceptado bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), creado para ofrecer estabilidad y previsibilidad a grandes capitales. Poco después se cerró un paquete financiero por US$1.175 millones con la participación de IFC, BID Invest, Export Finance Australia y el banco japonés JBIC.
La meta del proyecto es producir cerca de 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio grado batería a partir de 2028. Pero el interés del financiamiento no se limita al volumen. BID Invest sostiene que este tipo de operaciones puede impulsar exportaciones, generar empleo formal y fortalecer redes de proveedores locales. Además, el paquete incluye asistencia técnica en gestión ambiental, gobernanza corporativa y relación con comunidades, aspectos que suelen marcar la diferencia en la calidad institucional de los proyectos mineros.
En la minería, el origen del capital y las condiciones que lo acompañan tienen un peso considerable. Cuando las inversiones exigen estándares operativos más altos, transparencia y buenas prácticas ambientales, el impacto puede ir más allá de la simple extracción de recursos. Bajo esas condiciones, la actividad minera puede convertirse en una plataforma productiva más amplia que incluya servicios especializados, tecnología y desarrollo regional.
Brasil refleja una dinámica similar. La Corporación Financiera de Desarrollo de Estados Unidos (DFC) firmó un financiamiento de US$565 millones con la empresa Serra Verde para optimizar y ampliar la mina de tierras raras Pela Ema, ubicada en el estado de Goiás. La agencia estadounidense fue clara en su objetivo: impulsar una fuente de suministro alineada con Occidente para minerales estratégicos, en especial para las tierras raras pesadas utilizadas en tecnologías avanzadas.
El contraste entre el potencial geológico de Brasil y su producción actual es llamativo. A pesar de contar con la segunda mayor reserva mundial de tierras raras, estimada en 21 millones de toneladas, el país produjo en 2025 apenas unas 2.000 toneladas equivalentes de óxidos. Esa brecha entre reservas y producción representa una oportunidad significativa para el desarrollo del sector y ayuda a explicar el creciente interés internacional por nuevos proyectos en el país.
Los análisis de mercado también señalan la aparición de nuevos polos mineros en la región. White & Case destaca el avance del estado brasileño de Minas Gerais como un centro emergente para minerales críticos. En esa zona ha surgido el llamado “Lithium Valley”, una franja donde convergen recursos geológicos, inversiones en infraestructura, reglas relativamente más estables y capital internacional interesado en desarrollar proyectos.
Este nuevo impulso también debe entenderse dentro de una competencia geopolítica más amplia. Estados Unidos considera el desarrollo de cadenas de suministro alternativas como parte de su estrategia de seguridad nacional. Actualmente, China domina más del 90% del procesamiento global de tierras raras y de la producción de imanes derivados de estos minerales, lo que refuerza la importancia estratégica de proyectos que puedan ofrecer rutas de abastecimiento distintas.
Para América Latina, el escenario abre una oportunidad relevante, pero no automática. La región dispone de recursos abundantes y experiencia minera, pero todavía enfrenta desafíos en infraestructura, energía confiable, capacidad de refinación y estabilidad regulatoria. Si logra superar esos obstáculos y avanzar hacia una mayor integración industrial —con química, metalurgia, logística y tecnología—, la minería de minerales críticos podría convertirse en una palanca de desarrollo más amplia y no solo en una fuente de exportación de materias primas.













