Dom. Abr 12th, 2026

Un crecimiento discreto con bases sólidas: la industria mexicana avanza en febrero

La actividad industrial en México creció 0.4% en febrero de 2026, según el INEGI. A simple vista, la cifra podría parecer poco relevante, pero en el contexto actual adquiere un peso distinto. En medio de tensiones comerciales y una creciente incertidumbre en torno a la política arancelaria de Estados Unidos, el hecho de que la industria mexicana mantenga un avance, aunque moderado, habla de una resiliencia que no siempre se percibe en los titulares.

Este crecimiento no fue uniforme. Al interior del sector industrial, la minería destacó como el principal motor, aportando más de lo que su peso sugeriría. No se trata de un fenómeno aislado: desde la segunda mitad de 2025, la actividad extractiva ha venido consolidándose como un soporte clave cuando otras áreas pierden dinamismo, funcionando como un amortiguador frente a ciclos adversos.

Detrás de este impulso se encuentran, en gran medida, los precios internacionales de los metales. El oro, el cobre y la plata han alcanzado niveles que favorecen la rentabilidad del sector, permitiendo que operaciones en distintas regiones del país mantengan e incluso incrementen su producción. Esto ha fortalecido los ingresos de las empresas y ha sostenido la tracción del segmento minero.

La manufactura también acompañó el avance, particularmente en actividades vinculadas al procesamiento de metales y la producción de insumos para la minería. Esta relación no es casual, sino parte de una cadena productiva estrechamente integrada, donde el dinamismo de un sector se transmite al otro con cierto rezago pero con efectos claros en la actividad económica.

Otro elemento central para entender el desempeño del sector es el tipo de cambio. Mientras los ingresos de las empresas mineras están denominados en dólares, sus costos operativos se mantienen en pesos. Esta combinación convierte al comportamiento cambiario en un factor determinante para los márgenes de rentabilidad.

Durante el primer bimestre de 2026, el peso mexicano mostró una relativa estabilidad, aunque con episodios de volatilidad asociados a la incertidumbre comercial. Hasta ahora, estos movimientos no han representado un riesgo significativo, sino que han funcionado más bien como un mecanismo de ajuste que ayuda a equilibrar los ingresos del sector.

En paralelo, la política monetaria ha contribuido a sostener el entorno. El banco central ha optado por recortes graduales en las tasas de interés, lo que facilita el acceso al financiamiento para proyectos productivos sin comprometer la estabilidad de precios. Esto resulta particularmente relevante para inversiones de mediano y largo plazo.

El contexto internacional también ha influido en la dinámica reciente. En Estados Unidos, la acumulación preventiva de metales estratégicos ha elevado la demanda, impulsando temporalmente las exportaciones mexicanas. Sin embargo, este fenómeno plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de ese impulso una vez que se normalicen los niveles de inventario.

A nivel territorial, el crecimiento minero se concentra en estados como Sonora y Zacatecas, que albergan algunos de los proyectos más importantes del país. Estas regiones explican buena parte del dinamismo observado y muestran cómo el crecimiento no es difuso, sino focalizado en polos productivos específicos.

La interacción entre minería y manufactura refuerza la idea de una economía industrial interconectada, donde los efectos se multiplican a lo largo de la cadena de valor. La derrama económica del sector extractivo alcanza a proveedores, transportistas y fabricantes, ampliando su impacto más allá de la producción directa.

Más allá de los datos de corto plazo, el elemento que definirá la trayectoria futura es la inversión. Si bien los niveles actuales son sólidos, aún existe una brecha frente al potencial que permitirían los precios internacionales de los metales. Factores regulatorios han limitado ese crecimiento, aunque comienzan a observarse señales de mejora.

En conjunto, el dato de febrero deja ver una maquinaria que sigue en funcionamiento pese a las presiones externas. No es un crecimiento espectacular, pero sí significativo. La clave hacia adelante estará en sostener el ritmo mediante condiciones que incentiven la inversión y permitan que los sectores que hoy impulsan la actividad mantengan su protagonismo.

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