Newmont endureció su postura frente a Barrick Mining y fijó una condición explícita: exige una mejora operativa verificable en Nevada Gold Mines antes de respaldar cualquier intento de sacar a bolsa una parte de los activos norteamericanos. El mensaje no es menor, porque Nevada constituye el eje central del portafolio aurífero de Barrick en la región y funciona como referencia principal para evaluar su ejecución operativa ante el mercado.
El trasfondo es directo y poco indulgente. Cuando la producción cae de forma sostenida y los costos avanzan, la valoración se resiente y la confianza de los inversionistas se debilita. Newmont afirmó que el desempeño y el valor del activo se han deteriorado durante los últimos seis años y sostuvo que ya trabaja con Barrick para revertir esa tendencia, dejando claro que el rendimiento manda por sobre cualquier narrativa estratégica.
La advertencia también tiene una dimensión contractual. Nevada Gold Mines opera como empresa conjunta y los acuerdos establecen restricciones claras ante transferencias o cambios materiales en la estructura de propiedad. Para Newmont, cualquier movimiento que altere el control económico o la gobernanza activa derechos que no pueden pasarse por alto, incluso si Barrick mantiene la mayoría accionaria.
Barrick anunció la semana anterior su intención de vender entre 10% y 15% de sus activos en Norteamérica más adelante este año. El paquete incluye su participación en Nevada Gold Mines, el proyecto Fourmile y una operación conjunta en República Dominicana. En Nevada, Barrick controla 61,5% y Newmont 38,5%, una relación que otorga a Barrick el rol operativo, pero no elimina la capacidad de Newmont para influir en decisiones estratégicas.
Desde la óptica de Newmont, el punto es doble. Por un lado, busca resguardar las protecciones legales incluidas en los acuerdos de la joint venture. Por otro, pretende forzar a Barrick a presentar un plan creíble de estabilización antes de exponer el activo al escrutinio del mercado. La lógica es simple: un IPO con métricas débiles se traduce en descuento y encarece el costo de capital.
El origen del joint venture explica parte de la sensibilidad actual. Nevada Gold Mines se formó en 2019, tras un intento fallido de adquisición hostil de Newmont por parte de Barrick. La alternativa fue consolidar activos cercanos en Nevada bajo una sola estructura, prometiendo sinergias, eficiencia y mejor aprovechamiento de infraestructura. Esa promesa sigue siendo el estándar con el que el mercado mide los resultados.
El IPO encaja en un reajuste estratégico más amplio de Barrick, orientado a simplificar su portafolio y reorganizar su exposición geográfica. La separación de activos norteamericanos busca responder a inversionistas que prefieren estructuras más claras y flujos más previsibles, al tiempo que aísla riesgos asociados a jurisdicciones más complejas desde el punto de vista político y regulatorio.
Sin embargo, el diseño del IPO no es trivial. Analistas señalan que Barrick podría estructurarlo para evitar un cambio formal de control que active derechos de su socio. Ese tipo de ingeniería corporativa suele tensar relaciones, porque el control no se define solo por porcentajes, sino también por derechos de voto, composición del directorio y cláusulas económicas. Si Newmont percibe una erosión de su protección, el proceso podría encarecerse vía disputas legales o renegociaciones.
La discusión ocurre en un momento delicado para Barrick. La compañía cerró 2025 con un sexto año consecutivo de caída productiva y niveles históricamente bajos, y anticipó otra baja en 2026, incluida Nevada. En ciclos prolongados de descenso, el mercado exige explicaciones detalladas sobre leyes, secuencia de minado, costos, confiabilidad de plantas y coordinación operativa, un desafío particularmente complejo en distritos integrados como Nevada.
Aun así, el activo conserva fortalezas estructurales. Nevada sigue siendo un distrito de clase mundial, con infraestructura desarrollada, servicios especializados y un marco institucional sólido. Esa base ofrece un punto de apoyo para una eventual recuperación, pero el problema no es el potencial geológico, sino la capacidad de la administración para traducirlo en onzas y flujo de caja de forma consistente.
En ese contexto, Newmont parece jugar a dos bandas: proteger valor y ganar tiempo. Si Barrick avanza con un IPO sin resolver el deterioro operativo, el descuento puede volverse permanente. Barrick, por su parte, necesita avanzar con su narrativa de enfoque y simplificación, pero sin una historia operativa sólida el mercado difícilmente la comprará. El desenlace dependerá menos de la ingeniería legal y más de la evidencia concreta que entregue Nevada Gold Mines en los próximos trimestres.














