El mercado mundial del litio atraviesa un giro estructural al dejar atrás una etapa de sobreoferta y encaminarse hacia una escasez relativa, impulsada por el fuerte dinamismo de la demanda en Asia. El metal, clave para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético, vuelve a ganar tracción en un contexto donde el consumo crece más rápido que la capacidad de suministro.
Desde el sector comercial, operadores señalan que el repunte de la demanda, especialmente en China, está redefiniendo las condiciones del mercado. Traxys, una de las principales comercializadoras globales de materias primas, indica que el exceso de oferta que presionó los precios en años recientes se ha disipado. Para Martim Facada, responsable del negocio de litio en la firma, el consumo asiático muestra una fortaleza que ha derivado en un mercado actualmente subabastecido.
Este cambio responde en gran medida a la acelerada adopción de vehículos eléctricos en China y otros países de la región. El aumento de la participación de estos vehículos en las ventas totales, que podría situarse entre 60% y 70% este año, ha elevado de forma significativa la demanda de litio para baterías. Como resultado, los inventarios acumulados durante la fase de precios deprimidos se están reduciendo a un ritmo mayor al previsto.
Al mismo tiempo, la respuesta de la oferta ha sido más lenta. Tras el ciclo de precios excepcionalmente altos que incentivó una expansión acelerada de proyectos, la posterior caída del mercado llevó a la suspensión o ralentización de algunas operaciones. Reactivar estos activos requiere tiempo, capital y condiciones de mercado más estables, lo que limita la capacidad del sector para ajustarse rápidamente al nuevo nivel de consumo.
La combinación de una demanda en expansión y una oferta rígida ha comenzado a reflejarse en los precios. En China, las cotizaciones del litio han más que duplicado los niveles del año pasado, aunque todavía se mantienen lejos de los máximos alcanzados en 2022. Este comportamiento sugiere una recuperación parcial del mercado, aún marcada por la cautela de productores e inversionistas.
La escasez emergente plantea desafíos y oportunidades para la industria minera. Por un lado, precios más firmes pueden mejorar la rentabilidad y reactivar inversiones; por otro, el desarrollo de nuevas minas enfrenta obstáculos regulatorios, ambientales y sociales. Obtener permisos, asegurar financiamiento y construir infraestructura adecuada sigue siendo un proceso complejo que condiciona la expansión de la oferta.
Ante este escenario, empresas asiáticas vinculadas a la cadena de baterías buscan asegurar suministros mediante contratos de largo plazo y alianzas estratégicas. Traxys, por ejemplo, ha firmado acuerdos para adquirir producción de proyectos en el Gran Lago Salado de Estados Unidos, orientados a abastecer mercados específicos. Para los países productores, el nuevo equilibrio del mercado ofrece una ventana de oportunidad, siempre que el crecimiento del sector se gestione con criterios de sostenibilidad y desarrollo de largo plazo.














