Estados Unidos y Japón pusieron en marcha un paquete de inversión por 36,000 millones de dólares, vinculado al acuerdo comercial y de inversión anunciado en 2025. La Casa Blanca y el Departamento de Comercio enmarcaron el anuncio dentro de una estrategia de seguridad económica, con énfasis en fortalecer cadenas de suministro en energía y materiales estratégicos.
El programa contempla tres proyectos centrales. El primero consiste en una planta de generación eléctrica con gas natural en Ohio. El segundo ampliará la capacidad de exportación de crudo en la costa de Texas. El tercero prevé la fabricación de “grit” de diamante sintético en Georgia, un insumo clave para manufactura avanzada.
El presidente Donald Trump señaló que estas iniciativas forman parte del compromiso japonés de invertir hasta 550,000 millones de dólares en territorio estadounidense. Como parte del entendimiento alcanzado en 2025, Washington redujo aranceles a importaciones japonesas a una base de 15%. El anuncio de febrero representa el primer bloque con proyectos específicos, montos definidos y ubicaciones confirmadas.
De acuerdo con Reuters, la estructura financiera combinará capital privado, préstamos y garantías respaldadas por instituciones públicas japonesas como JBIC y NEXI. Este esquema busca reducir costos de financiamiento y acelerar la ejecución. También permite a Japón asegurar participación directa en activos energéticos estratégicos.
El componente más grande se ubicará en Portsmouth, Ohio. El Departamento de Comercio estimó una inversión de 33,000 millones de dólares y una capacidad instalada de 9.2 gigawatts. La operación quedará en manos de SB Energy, subsidiaria de SoftBank, y se presenta como una de las mayores apuestas recientes por generación eléctrica a gas natural.
La administración estadounidense justificó la planta ante el aumento sostenido en la demanda de electricidad. Reuters vinculó ese crecimiento con la expansión de centros de datos e inteligencia artificial, que requieren suministro constante. El gas natural aparece como alternativa de generación firme, aunque enfrenta cuestionamientos ambientales por sus emisiones.
El segundo proyecto se desarrollará frente a la costa de Texas. Con una inversión estimada en 2,100 millones de dólares, la terminal Texas GulfLink será operada por Sentinel Midstream. Según cifras oficiales, podría manejar exportaciones de crudo valuadas entre 20,000 y 30,000 millones de dólares anuales a plena capacidad.
La infraestructura recibió respaldo regulatorio a inicios de febrero, cuando el Departamento de Transporte otorgó una licencia clave para su desarrollo. El diseño permitirá cargar buques VLCC en aguas profundas, reduciendo limitaciones logísticas históricas para el crudo estadounidense y mejorando la eficiencia hacia mercados asiáticos.
El tercer eje apunta a la industria de alta precisión. En Georgia se instalará una planta de diamante sintético con tecnología de alta presión y alta temperatura, con inversión cercana a 600 millones de dólares. La operación estará a cargo de Element Six, enfocada en producir abrasivos industriales de alta dureza.
Este material tiene aplicaciones en fabricación de chips, construcción y perforación en minería y energía. Según datos citados por autoridades estadounidenses, gran parte del consumo interno de diamante industrial ya es sintético. Además, el gobierno subrayó la dependencia de suministros provenientes de China, lo que refuerza la lógica de sustitución de importaciones.
En conjunto, el paquete revela una estrategia que integra energía fósil, infraestructura eléctrica y materiales industriales bajo el paraguas de seguridad nacional. Estados Unidos busca consolidar activos productivos en su territorio, mientras Japón asegura acceso a energía y manufactura estratégica. Más allá de las cifras, el acuerdo refleja una apuesta compartida por reconfigurar cadenas de valor en un entorno geopolítico cada vez más competitivo.














