Los hidrocarburos vuelven a estar en el centro de la atención internacional, tras la incursión de Estados Unidos en Venezuela, cuyo principal objetivo es aprovechar las vastas reservas petroleras del país, consideradas las mayores del mundo. La superpotencia busca acceder al crudo pesado venezolano para abastecer sus refinerías del Golfo de México, actualmente afectadas por la reducción de suministros provenientes de Canadá y México, según explica Víctor Saavedra, ex asesor de Petróleos de Venezuela (PDVSA).
“El objetivo de Trump es que Venezuela produzca el crudo que las refinerías estadounidenses necesitan, enmendando así la pérdida de suministro que sufrió con México y Canadá”, señala Saavedra. Por ello, el mandatario ha instado a grandes petroleras como Chevron, ExxonMobil y Valero a invertir en la recuperación de la industria petrolera venezolana.
Carlos Bianchi, expresidente de Perú-Petro, advierte que Venezuela se ha convertido en un imán para las compañías que en algún momento tenían interés en Perú. El caso de Chevron, que planea explorar el mar de Trujillo junto a Oxy y Westlawn, ejemplifica cómo el interés de empresas estadounidenses puede trasladarse hacia países con condiciones más atractivas y legislación que fomenta la inversión privada.
Esta situación ha generado retrasos en la fase exploratoria de los proyectos peruanos. José Mansen, especialista en hidrocarburos, indica que los planes de perforación previstos para septiembre aún no se han presentado, lo que obliga a Perú-Petro a considerar medidas como la declaración de “fuerza mayor” para dar tiempo a las compañías. Además de Chevron, Hunt Oil, socio de Camisea y líder de Perú LNG, también analiza oportunidades en Venezuela debido a la complejidad de desarrollar nuevos proyectos en el sur peruano, según María Julia Aybar, su Country Manager.
El sector hidrocarburos en Perú atraviesa una crisis profunda. Erick García, ex director general de hidrocarburos del Minem, destaca que los contratos de exploración y explotación han disminuido de 87 a 30 desde 2009, mientras las reservas de petróleo y gas natural se agotan. Esto podría obligar al país a importar gas natural dentro de 10 a 12 años, incrementando un déficit comercial en hidrocarburos que ya alcanza los US$4.400 millones, según Gas Energy Latinoamérica (Gela).
Los expertos coinciden en que la problemática no radica en la falta de potencial geológico, sino en la sobrerregulación, la burocracia, obstáculos ambientales y la ausencia de una política clara de promoción de la exploración. El Instituto Peruano de Ingenieros de Gas y Petróleo (IPIGPE) subraya que sin exploración no hay producción, transporte, petroquímica ni seguridad energética. Por ello, Aybar recomienda implementar una política de largo plazo que defina un marco estable para la inversión y evite que decisiones sean condicionadas por cambios de gobierno.
Uno de los grandes problemas de la última década ha sido la concentración de lotes petroleros en Petro-Perú, relegando la independencia técnica de Perú-Petro. Esto ha generado que los lotes asignados a la estatal —I, VI, X y Z-69 en Talara— reduzcan su producción y entren en un estado de mantenimiento crítico. Bianchi sostiene que la agencia de hidrocarburos ha perdido credibilidad frente a inversionistas y requiere blindaje institucional frente a interferencias políticas.
El resultado es que Perú ha perdido cinco años críticos para aumentar producción y reservas de petróleo y gas. Existe el riesgo de que el nuevo presidente transitorio, José María Balcázar, retome políticas nacionalistas de sus predecesores, asignando más lotes a Petro-Perú, lo que podría impedir la entrada de inversiones en hidrocarburos en un momento en que países vecinos como Venezuela y Guyana capturan el interés de las empresas internacionales.
En resumen, mientras el mundo revaloriza el petróleo y el gas, Perú se encuentra en una posición rezagada, con un marco regulatorio complejo y una política energética que limita la competitividad. Las oportunidades para atraer inversión existen, pero requieren estabilidad institucional, claridad regulatoria y apertura a capital privado, condiciones que hoy no se cumplen plenamente.
El panorama regional evidencia que los hidrocarburos ganan protagonismo, y la competencia por explorar y producir se intensifica. Empresas estadounidenses y otras multinacionales evalúan priorizar mercados como Venezuela frente a Perú, donde los incentivos y la predictibilidad aún no logran captar plenamente la atención de los inversionistas.
Finalmente, los especialistas coinciden en que sin cambios estructurales, Perú continuará viendo pasar oportunidades estratégicas desde la tribuna. El país podría perder su posición relativa en la región, tanto en producción como en reservas, mientras otros estados sudamericanos consolidan su atractivo para la inversión en petróleo y gas.














