Lun. Feb 23rd, 2026

El oro se dispara tras fallo judicial y nuevo arancel global del 15% en EE.UU.

El mercado del oro inició la semana con un repunte que lo devolvió al centro de atención de los inversionistas. La onza troy escaló hasta aproximarse a los 5.300 dólares antes de estabilizarse alrededor de 5.150, en una jornada dominada por la cautela y la preferencia por activos de refugio.

El impulso no respondió a un simple indicador económico. Detrás del movimiento estuvo un hecho político y judicial que volvió a sacudir el comercio internacional. El Tribunal Supremo de Estados Unidos invalidó los aranceles sustentados en órdenes ejecutivas basadas en poderes de emergencia.

La resolución afectó directamente un pilar de la estrategia comercial impulsada por Donald Trump. Además de frenar la aplicación de esos gravámenes, abrió un debate inmediato sobre la legalidad de los cobros ya efectuados y el eventual destino de esos recursos.

Tras el fallo, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos informó que dejará de recaudar los aranceles vinculados a esas órdenes a partir de la madrugada del 24 de febrero. La medida implicó desactivar códigos específicos, pero no resolvió la interrogante más delicada: la posibilidad de reembolsos.

Según cálculos difundidos por Reuters, más de 175.000 millones de dólares podrían quedar sujetos a devolución. Para los mercados, la cifra no solo anticipa litigios prolongados, sino también un escenario de presión fiscal e incertidumbre política.

La reacción política fue inmediata. Trump anunció un nuevo arancel global del 15%, sustentado en otra base jurídica, con la intención de reemplazar lo bloqueado por el Supremo. El ajuste amplió el alcance inicial —que había sido de 10%— y volvió a inquietar a empresas y gobiernos.

El efecto en los mercados fue rápido: el dólar perdió fuerza y el oro avanzó con decisión, mientras activos de mayor riesgo operaban con prudencia. En varias plazas financieras predominó la cautela, y Europa optó por evaluar el nuevo panorama antes de tomar posiciones.

El atractivo del oro en estos episodios se explica por su naturaleza. No depende de utilidades empresariales ni de decisiones corporativas; es un activo físico con liquidez global y trayectoria histórica. Cuando el entorno comercial se vuelve impredecible, su papel como resguardo gana protagonismo.

El fallo judicial y la posterior respuesta política configuraron un escenario de doble incertidumbre. El diario El País describió un clima de confusión entre socios comerciales que intentan descifrar el alcance real de la nueva arquitectura arancelaria.

Desde Bruselas, la reacción apuntó a la necesidad de reglas claras. La Comisión Europea insistió en la importancia de preservar la seguridad jurídica para evitar disrupciones adicionales en el comercio internacional.

En medio del rediseño arancelario, hubo excepciones significativas. RTVE señaló que el nuevo gravamen excluye minerales críticos y productos energéticos, reflejando la relevancia estratégica de estos insumos para la industria y la seguridad nacional.

El mismo reporte indicó que los bienes de Canadá y México amparados por el T-MEC quedarían fuera del arancel. Aun así, la incertidumbre general impacta expectativas de inversión y financiamiento en la región.

El ascenso del oro ya mostraba una trayectoria acelerada. OKDIARIO recordó que el metal pasó de 2.000 a 3.000 dólares entre 2023 y 2025, luego alcanzó 4.000 en pocos meses y superó los 5.000 en un lapso todavía más corto, acumulando avances recientes superiores al 3% semanal.

Estos niveles fortalecen a la industria minera, que ve ampliados sus márgenes y oportunidades de financiamiento. Un entorno de precios altos puede reactivar proyectos antes postergados y dinamizar economías regionales ligadas a la extracción.

En México, estados con tradición minera como Sonora, Zacatecas, Guerrero y Chihuahua suelen experimentar un efecto directo cuando el oro se encarece. El dinamismo se refleja en mayor demanda de servicios, transporte y exploración.

No obstante, un precio elevado no elimina desafíos estructurales. La minería enfrenta exigencias ambientales, costos energéticos crecientes y tensiones sociales. Además, un entorno de fricciones comerciales puede encarecer equipos e insumos especializados.

Aun con esos retos, el oro mantiene su rol como termómetro del sistema financiero. La volatilidad derivada de anuncios y rectificaciones políticas tiende a favorecerlo en el corto plazo, reforzando su imagen de activo defensivo.

La incógnita central es la duración de este impulso. El detonante actual combina un choque institucional con una respuesta política concreta. Mientras el comercio global no recupere estabilidad normativa, el oro seguirá reflejando ese nerviosismo y ofreciendo oportunidades —y riesgos— para la minería y los inversionistas.

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