La reciente compra de minas de níquel en Brasil por parte de MMG Ltd., una empresa con sede en Hong Kong y controlada por la estatal china China Minmetals Corporation, ha desatado preocupación en Estados Unidos. La operación, valorada en 500 millones de dólares y acordada con Anglo American, es vista por algunos sectores como un nuevo capítulo en la competencia estratégica entre Washington y Pekín por los recursos críticos.
La inquietud fue formalizada por el American Iron and Steel Institute (AISI), que envió una carta al representante comercial de EE. UU., Jamieson Greer, solicitando la intervención de la Casa Blanca. El organismo teme que la adquisición otorgue a China mayor control sobre el mercado global de níquel, un mineral clave para la producción de acero inoxidable y baterías para vehículos eléctricos.
MMG ha salido al frente de las críticas, asegurando que esta es su primera incursión operativa en el mercado del níquel y que no tiene intención de alterar las condiciones de competencia. En un comunicado, la compañía prometió mantener el abastecimiento a los mercados actuales, especialmente a Europa, y negó cualquier propósito de concentración monopólica o manipulación de precios.
Sin embargo, la transacción se da en un contexto de alta tensión geopolítica. América Latina, y en particular Brasil, se han convertido en escenarios clave para la competencia entre China y EE. UU. por el acceso a materias primas estratégicas. En los últimos años, empresas chinas han ganado terreno en mercados como el indonesio, donde dominan ya buena parte de la producción global de níquel.
Para Washington, el avance chino en estos sectores no es solo una preocupación comercial, sino de seguridad nacional. Con la transición energética en marcha y la creciente demanda de minerales críticos, asegurar el suministro estable y diversificado se ha vuelto una prioridad. Esa visión también se refleja en Europa y Asia, donde gobiernos promueven políticas similares para reducir su dependencia de proveedores únicos.
El diario brasileño Valor Econômico fue el primero en reportar la petición del AISI al gobierno estadounidense. En su misiva, el instituto incluso sugirió que Brasil explore mecanismos para garantizar que la propiedad de sus activos estratégicos esté alineada con principios de libre mercado y transparencia, en lugar de quedar bajo control de estados extranjeros.
Si bien aún no está claro si EE. UU. puede legalmente intervenir en una transacción privada dentro del territorio brasileño, sí podría ejercer presión diplomática, especialmente a través de la Oficina del Representante Comercial (USTR), que actualmente evalúa si las prácticas de comercio exterior de Brasil afectan intereses estadounidenses.
Para Anglo American, esta operación se enmarca en su proceso de reestructuración, tras rechazar la oferta de adquisición de BHP Group. Sin embargo, su estrategia ha tenido tropiezos: recientemente fracasó la venta de activos de carbón en Australia, complicando sus planes para aligerar su portafolio y concentrarse en activos de mayor rentabilidad.
En medio de esta disputa global, Brasil se encuentra ante una encrucijada. Aunque la entrada de capital chino representa una oportunidad para atraer inversión, generar empleo y modernizar su industria minera, también plantea el desafío de mantener la soberanía sobre sus recursos. La clave estará en establecer reglas claras que aseguren transparencia, eviten la concentración de poder y prioricen el desarrollo sostenible de las comunidades locales.