Sáb. Jun 15th, 2024

Crecientes protestas en Perú afectan corredor minero del sur

Las empresas que utilizan el corredor minero del sur de Perú sufren dificultades ante conflictos casi constantes por la actividad minera, que afectan regularmente a la producción de la zona.

Según el último informe del Observatorio de Conflictos Mineros (OCM), este nivel de conflictividad no se había visto en otras zonas del país. 

El corredor atraviesa las regiones Arequipa, Apurímac, Cusco, Moquegua, Tacna y Puno y es utilizado principalmente por las empresas Las Bambas, Hudbay y Antapaccay —filial de Glencore—, que operan en las regiones Apurímac y Cusco.

El reporte del OCM destaca que una característica de la actual conflictividad es la fragmentación de agendas y demandas: en el corredor del sur, cada 30km se puede hallar demandas diferenciadas que generan movilizaciones con actores distintos que no tienen ni la capacidad ni el interés de articularse entre sí, por lo que se ve una competencia entre distritos, provincias y regiones, y también entre comunidades.

“Lo que una comunidad consigue de una negociación con la empresa minera o con el Estado, puede terminar siendo el incentivo de nuevas demandas de las comunidades vecinas que terminen en nuevos estallidos”, señaló el OCM.

Según la entidad, entre Apurímac y Cusco, autoridades y comunidades se miran cada vez con mayor recelo, y la propuesta del gobernador de Apurímac para encontrar una vía alternativa para la salida de los minerales que no pase por Cusco, es un claro indicador de las tensiones y recelos que crece entre esas regiones.

Otro de los conflictos en la actividad minera, según el observatorio, es que la agenda de los trabajadores mineros está cada vez más divorciada de la agenda y demandas de las comunidades, como en el caso de la mina de cobre a cielo abierto Cuajone, que se ubica en Moquegua y es operada por Southern Copper.

En marzo las comunidades de Tumilaca, Pocata, Coscore y Tala se tomaron el reservorio que abastece de agua a la operación minera, por lo que estuvo a punto de producirse un enfrentamiento con los trabajadores de la empresa, que anunciaron que iban a recuperar por la fuerza las instalaciones tomadas.

En el caso de Las Bambas, los trabajadores se han movilizado en Apurímac, Arequipa, Cusco y Lima, en contra de los bloqueos y la paralización de las operaciones y el impacto en la pérdida de puestos de trabajo.

Las tensiones en el corredor minero se han ido acumulando por las propias características de la zona y de las operaciones que se desarrollan: una vía de más de 400 kilómetros que atraviesa por cuatro provincias alto andinas, decenas de centros poblados y comunidades campesinas que reciben los impactos, tanto de la zona de extracción como del transporte de los minerales, indicó el OCM.

Según el Observatorio, la situación se fue configurando gradualmente desde los inicios de la fase operativa del proyecto Las Bambas, en 2016 y, sobre todo, desde la puesta en marcha del transporte de los minerales por la vía nacional, pero en los últimos meses las tensiones se han agudizado, con conflictos con las comunidades que llevaron a la paralización de las operaciones de la mina desde la segunda quincena de abril hasta principios de junio, tiempo en el que perdió US$500 millones en exportaciones.

MINERÍA INFORMAL

Otra variante de la conflictividad tiene que ver con el avance de la minería ilegal en nuevas zonas en el país, que ya no solo explota oro sino también otros metales como cobre en zonas como Apurímac, Cusco y Puno, entre otras, incentivada por los altos precios.

En varios casos la minería informal encuentra zonas que ya han sido concesionadas a empresas mineras formales.

En mayo pasado, la minera Ares, filial de Hochschild Mining, denunció que el campamento del proyecto Azuca fue quemado y destruido por mineros informales; una situación similar se dio en el campamento del proyecto Los Chancas, de Southern Copper.

Situaciones similares de tensión entre mineros informales y titulares de concesiones y proyectos en desarrollo, se viven en Cotabambas en la Región Apurímac; Chumbivilcas y Espinar, en la Región Cusco.

“Hoy en día, la minería informal ya no es exclusividad de los productores de oro y comienza a ser motivo de tensión y de disputa con las propias empresas mineras formales”, consigna el estudio del OCM.

El observatorio sugiere convertir al corredor minero del sur en una vía por donde transiten no solo minerales sino también la producción de las provincias alto andinas, y construir un sistema de gobernanza para los territorios, donde estén representados el Estado (nacional y subnacional), los actores productivos de la zona, incluida la minería, y los estamentos representativos de las poblaciones.

“Está claro que es necesario hacer un giro en el abordaje del conflicto”, aseveró el observatorio.

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