En los últimos meses, el precio del cobre ha mostrado una tendencia al alza que lo llevó a superar los US$6 por libra la semana pasada. Aunque posteriormente la cotización retrocedió y volvió a ubicarse por debajo de ese nivel, el metal rojo continúa operando en rangos históricamente elevados.
Para dimensionar el cambio, a fines de noviembre el precio del cobre se situaba cerca de los US$5 por libra. Este incremento ha estado impulsado, principalmente, por un aumento sostenido de la demanda a nivel internacional, según coinciden los especialistas consultados.
Paola Herrera, economista senior del Instituto Peruano de Economía (IPE), explicó que se proyecta un crecimiento significativo de la demanda de cobre en el largo plazo. “Se estaba estimando que la demanda podría incluso triplicarse en los próximos 15 a 20 años”, señaló.
Herrera indicó que este escenario responde a la transición energética y al desarrollo de tecnologías sostenibles, con China como actor central debido a su peso en el sector manufacturero. A ello se suma el avance de tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial, que también demandan grandes volúmenes de cobre.
Desde el mercado financiero, Yordin Lozano, analista de Inversiones de Kallpa SAB, añadió que se ha observado un mayor flujo de inversión desde China hacia los metales, lo que podría actuar como catalizador de un repunte adicional en la cotización durante la primera parte del año.
Lozano explicó que el mercado del cobre es más reducido que el de otros metales, por lo que una entrada fuerte de capitales suele generar movimientos de precio más pronunciados, amplificando los efectos de los flujos de inversión.
Sin embargo, el reciente ‘rally’ también dio paso a una corrección. Katherine Salazar, analista senior de Estudios Económicos de Scotiabank, atribuyó las caídas recientes a tomas de ganancias tras el fuerte repunte observado en semanas anteriores.
Salazar agregó que la demanda industrial en China, que concentra alrededor de la mitad del consumo mundial de cobre, ha comenzado a moderarse debido al traslado de los altos precios a los costos finales. En ese sentido, niveles cercanos a los US$6 por libra empiezan a afectar el consumo del metal.
Por el lado de la oferta, Paola Herrera señaló que también existen factores de corto plazo que han influido en la cotización, como problemas operativos en grandes minas a nivel internacional, lo que ha restringido temporalmente la producción cuprífera.
Entre los casos recientes se encuentran la inundación de la mina Kamoa-Kakula, en la República Democrática del Congo —segundo productor mundial de cobre—, así como un accidente en la mina Grasberg, en Indonesia, ambos eventos con impacto en la oferta global.
De cara al futuro, Lozano estimó que el precio del cobre podría promediar alrededor de US$5.9 por libra este año. Herrera coincidió en que la cotización seguiría presionada al alza por la demanda, en un contexto de menores perspectivas de crecimiento de la producción mundial.
Carlos Gálvez, expresidente de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), sostuvo que la transición energética y la falta de nuevos proyectos de gran escala justifican un precio del cobre elevado y sostenido en el tiempo.
Salazar advirtió que en los próximos años podrían registrarse déficits de producción debido a la escasez de proyectos ‘greenfield’, lo que abre la posibilidad de nuevos récords en la cotización en el mediano y largo plazo. No obstante, a corto plazo, prevé un comportamiento moderado en febrero por el Año Nuevo Lunar en China, periodo en el que se reduce la actividad industrial y portuaria.
Tras los feriados, explicó, la demanda suele normalizarse y los precios podrían recuperar parte de las caídas, aunque no se descartan nuevas correcciones antes de una mejora hacia fines de mes. A ello se suma el riesgo de una desaceleración más profunda de la economía china, lo que podría afectar la demanda global de metales.
En cuanto al Perú, Lozano destacó que los altos precios del cobre y de otros ‘commodities’ se reflejan en niveles récord de exportaciones, con el metal rojo representando el 31% de la canasta exportadora en 2025, equivalente a unos US$28,088 millones. Esto también ha contribuido a una presión bajista sobre el dólar y a una mayor recaudación fiscal, aunque diversos analistas coinciden en que el país aún no capitaliza plenamente este contexto por la falta de nuevos grandes proyectos y las trabas que frenan la inversión minera.














