Con un precio promedio que supera los US$5 la libra en lo que va del año, la minería chilena atraviesa uno de sus momentos más favorables de las últimas décadas. Sin embargo, para Cecilia Cifuentes, directora del Centro de Estudios Financieros (CEF) del ESE Business School de la Universidad de Los Andes, esta bonanza podría transformarse en un riesgo para la competitividad futura del país si no se aprovecha para impulsar cambios estructurales.
La economista sostiene que la principal amenaza para la industria no proviene de factores externos como la guerra en Irán o las restricciones al ácido sulfúrico impuestas por China, sino de la complacencia interna. A su juicio, los elevados ingresos del cobre pueden generar una falsa sensación de estabilidad que retrase decisiones clave en materia de eficiencia y modernización.
“El mayor riesgo de un ciclo de precios elevados es que atenúa los incentivos para mejorar la eficiencia. Con márgenes amplios, los problemas de productividad se vuelven tolerables y las urgencias de reforma se posponen”, advierte Cifuentes. En ese contexto, recuerda que Chile produjo durante el primer trimestre de este año 1.226.290 toneladas de cobre fino, lo que representa una caída de 6% frente al mismo periodo de 2025.
De cara al futuro, la académica reconoce que la creciente demanda asociada a la electromovilidad y la inteligencia artificial abre perspectivas positivas para el cobre chileno. No obstante, insiste en que confiar únicamente en ese escenario podría conducir a un estancamiento productivo si la industria no aprovecha el actual ciclo para elevar sus estándares de eficiencia.
Cifuentes define este escenario como la “paradoja de la abundancia”, fenómeno que ocurre cuando un periodo prolongado de altos precios reduce la presión por innovar y mejorar la productividad. Según explica, Chile ya enfrentó una situación similar durante el boom cuprífero entre 2003 y 2012, etapa en la que el aumento de los ingresos coexistió con un estancamiento de la productividad total de factores.
“Chile lo ha vivido antes: durante el boom 2003-2012, el aumento de ingresos cupríferos convivió con un estancamiento de la productividad total de factores que todavía pagamos”, señala la economista. En su opinión, existe el riesgo de que la industria minera termine este nuevo ciclo favorable sin concretar los avances tecnológicos y operacionales que necesita para sostener su competitividad a largo plazo.
A ello se suman las crecientes presiones sobre los costos de operación. El alza de combustibles, energía y logística, junto al envejecimiento de los yacimientos, reduce parte de los beneficios del superciclo. Además, aunque el alto precio del cobre incentiva nuevas inversiones, Cifuentes advierte que la incertidumbre regulatoria y la lenta tramitación de permisos continúan siendo obstáculos relevantes. “El precio actual del cobre es muy atractivo, pero no basta para movilizar inversiones de largo plazo si el clima regulatorio sigue siendo percibido como incierto”, concluye.













