Dom. Mar 29th, 2026

Codelco alerta alza de 5% en el costo del cobre por guerra, diésel caro y presión fiscal en Chile

Codelco puso una cifra concreta a un problema que muchas mineras ya sentían, pero que pocas habían cuantificado con claridad. La estatal chilena estima que las disrupciones asociadas a la guerra en Medio Oriente pueden elevar cerca de 5% su costo de producir cobre. El ajuste equivale a unos 10 centavos de dólar por libra sobre su costo caja, que hoy ronda los 2 dólares por libra. La presión no llega por una sola vía. Llega por diésel más caro, insumos más costosos y un cambio tributario que amenaza con encarecer todavía más la operación.

El dato importa porque Codelco no es un productor marginal. Se trata de la mayor productora de cobre del mundo y de una referencia para el resto de la industria chilena. Cuando una empresa de ese tamaño anticipa un encarecimiento de esta magnitud, el mercado recibe algo más que una señal contable. Recibe una advertencia sobre la fragilidad energética y logística de toda la cadena minera. En otras palabras, la volatilidad geopolítica ya dejó de ser un ruido externo. Ahora entra directo al costo de cada libra.

La advertencia llega, además, en un momento delicado para la empresa. Codelco reportó una utilidad antes de impuestos de 4,850 millones de dólares en 2025, con un EBITDA de 6,670 millones. Su producción propia cerró en 1.33 millones de toneladas, apenas 0.5% por encima de 2024. Para 2026, la compañía fijó una meta de entre 1.33 y 1.36 millones de toneladas y mantiene la aspiración de volver a 1.7 millones hacia 2030. Ese objetivo exige algo muy simple de enunciar y muy difícil de ejecutar: producir más sin dejar que el costo se descontrole.

La presión sobre los costos tampoco aparece en el vacío. Desde finales de febrero, el conflicto con Irán ha golpeado los mercados por tres frentes. Primero, elevó el precio de la energía. Después, alteró cadenas de suministro clave para la minería, incluidos insumos como el ácido sulfúrico. Finalmente, instaló dudas sobre el crecimiento global y arrastró al cobre a una caída cercana a 10% desde el inicio de la guerra, aunque este viernes el metal mostró una recuperación semanal impulsada por expectativas de desescalada. Para una minera, esa combinación resulta incómoda: suben los costos cuando el precio del metal pierde impulso.

En Chile, el problema se volvió todavía más concreto esta semana. El gobierno decidió acelerar el traslado del shock petrolero a los precios internos de los combustibles. A partir del 26 de marzo, el diésel subió 580 pesos por litro y la gasolina de 93 octanos aumentó 370 pesos. En Santiago, eso implicó saltos cercanos a 60% en diésel y 30% en gasolina. Chile importa buena parte del petróleo que consume, por lo que su exposición al encarecimiento internacional resulta inmediata. Para una industria intensiva en transporte, movimiento de material y operación pesada, ese golpe se refleja casi en tiempo real.

A ese aumento se suma otro factor que inquieta al sector: la suspensión temporal del crédito diferenciado al impuesto específico al diésel para empresas no transportistas, medida incluida en el plan oficial para financiar apoyos ante el alza de los combustibles. La industria minera ya advirtió que esta modificación erosiona competitividad en un momento de costos altos y exigencias operativas crecientes. El debate no es menor. Chile sigue siendo el principal productor mundial de cobre, pero esa posición no se sostiene por inercia. Se sostiene con inversión, productividad y reglas que no castiguen a un sector que compite libra por libra con operaciones de otras regiones.

Aquí conviene separar el ruido coyuntural del fondo estructural. El shock de costos es real y puede apretar márgenes en 2026. Sin embargo, no cambia el papel estratégico del cobre. La electrificación, los centros de datos, las redes eléctricas, los motores, las baterías y la digitalización sostienen una demanda de largo plazo que no desaparece por una guerra, aunque sí puede sufrir episodios de volatilidad. Freeport-McMoRan, la mayor minera de cobre cotizada del mundo, sostuvo esta semana que el apetito por el metal sigue firme por razones estructurales. Ese punto importa porque confirma que el problema actual está en el costo y en la percepción de riesgo, no en la relevancia del cobre.

Por eso el mensaje de Codelco merece una lectura más amplia. El alza del diésel y de los insumos no invalida a la minería. Al contrario, refuerza la necesidad de operar mejor, consumir menos combustible y acelerar proyectos que den estabilidad a la producción. La compañía ya ha movido fichas en esa dirección. En su memoria 2024 informó que aseguró una matriz eléctrica con más de 85% de energía renovable para 2026. También concluyó la construcción de Traspaso Andina, proyecto que extiende la vida útil de esa división por al menos 30 años. Son decisiones que no eliminan el shock actual, pero sí amortiguan futuros sobresaltos.

La agenda de eficiencia no termina ahí. En su reporte del primer semestre de 2025, Codelco informó que la planta desalinizadora para sus operaciones del norte estaba completada en 81% y seguía en calendario para arrancar en 2026. Además, reiteró metas ambientales y operativas de gran escala: recortar 70% sus emisiones directas e indirectas frente a 2019, reducir el uso de agua continental en zonas de estrés hídrico y elevar el valor social en los territorios donde opera. Estas iniciativas no resuelven el precio del barril, pero sí construyen una minería más resistente y más defendible frente a gobiernos, comunidades e inversionistas.

También hay palancas de crecimiento que ayudan a equilibrar la discusión. Esta misma semana, el plan conjunto entre Codelco y Anglo American para integrar operaciones en Andina y Los Bronces recibió luz verde del regulador chileno de competencia. El proyecto apunta a sumar 120,000 toneladas anuales de cobre y a generar al menos 5,000 millones de dólares en valor por mayor producción y ahorros. Ese dato importa porque muestra que Chile todavía tiene capacidad para responder al reto global del suministro. La industria no enfrenta un agotamiento del negocio. Enfrenta la urgencia de ejecutar mejor y más rápido.

El verdadero riesgo para Codelco no es solo que el costo caja suba unos centavos. El riesgo es que ese aumento coincida con una etapa en la que la empresa todavía intenta recuperar volumen tras años de leyes decrecientes, atrasos en proyectos y el impacto del accidente fatal en El Teniente. Reuters reportó que la empresa sigue evaluando el efecto de ese evento sobre su plan de negocios y que la recuperación plena de la mina tardará varios años. En ese contexto, cada dólar adicional en energía, cada demora logística y cada cambio fiscal pesan más. Pesan sobre la caja y pesan sobre la credibilidad del plan de recuperación.

Desde una perspectiva regional, la advertencia de Codelco va más allá de Chile. La minería latinoamericana tiene una oportunidad histórica en cobre y minerales para la transición energética, pero solo captará más capital si ofrece estabilidad regulatoria, energía competitiva e infraestructura confiable. La guerra en Medio Oriente recordó algo elemental: una disrupción a miles de kilómetros puede pegar en una faena andina al día siguiente. Quien quiera liderar la próxima etapa del cobre tendrá que dominar geología, tecnología y finanzas. Hoy también necesita blindarse mejor frente a la geopolítica.

Codelco, en suma, no lanzó una queja aislada. Lanzó una alerta útil para toda la industria. El encarecimiento del diésel, de los insumos y del entorno fiscal obliga a revisar costos, contratos y prioridades de inversión. Pero también confirma algo que a veces se pierde entre la volatilidad diaria. El cobre sigue siendo un metal estratégico y la minería bien ejecutada conserva un valor económico y tecnológico enorme. La discusión de fondo ya no pasa por si el sector tiene futuro. Pasa por quién podrá producir con disciplina, con escala y con mejores costos en un mundo cada vez más inestable.

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