El martes 17 de febrero de 2026 dejó una señal contundente para los inversionistas: cuando los metales registran caídas pronunciadas, las acciones mineras suelen resentirlas con mayor intensidad. Así ocurrió tanto en México como en otros mercados relevantes, donde las emisoras vinculadas al oro, la plata y el cobre cerraron con pérdidas significativas.
En la Bolsa Mexicana de Valores, el mayor retroceso fue para Industrias Peñoles, cuyos títulos descendieron 4.36% hasta ubicarse en 996.68 pesos. Grupo México también terminó en terreno negativo, con una baja de 3.70% a 195.65 pesos. Minera Frisco no escapó a la tendencia y perdió 3.05%, para cerrar en 12.32 pesos por acción.
El ajuste tuvo eco fuera del país. Fresnillo, subsidiaria de Peñoles que cotiza en Londres, retrocedió 2.10% y se acercó a las 9 libras esterlinas. En Nueva York, McEwen Mining cayó 6.22%, mientras que Southern Copper perdió 5.05% y Newmont descendió 2.77% en la sesión.
La presión sobre el sector respondió a una combinación de factores macroeconómicos y técnicos. El fortalecimiento del dólar en los mercados internacionales coincidió con un mayor apetito por activos de riesgo. Esta combinación redujo el atractivo inmediato de los metales preciosos como instrumentos de resguardo.
El oro al contado registró una baja de 2.27% y cerró en 4,877.4 dólares por onza, su nivel más bajo desde inicios de mes. En el mercado de futuros de Estados Unidos, el contrato para entrega en abril también retrocedió y se situó cerca de 4,893.91 dólares por onza.
La plata sufrió un ajuste aún más marcado. El metal perdió 4.11% y terminó en 73.46 dólares por onza. El platino cedió 1.66% y el paladio cayó 3.86%. El cobre, por su parte, también se debilitó en medio de una corrección más amplia en el segmento de materiales básicos.
A este entorno se sumó un factor estacional que suele incrementar la volatilidad. La reducción de liquidez asociada al Año Nuevo Lunar limitó la profundidad de operación en Asia. Con menos participantes activos, los movimientos del mercado tienden a amplificarse.
Analistas consultados por El Economista atribuyeron el desempeño a una corrección generalizada en materias primas, impulsada por el dólar fuerte y una menor aversión al riesgo tras avances diplomáticos entre la Casa Blanca e Irán. También señalaron la influencia de las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos.
Otros reportes financieros internacionales coincidieron en ese diagnóstico. En Estados Unidos, diversos medios destacaron que las señales de distensión geopolítica redujeron la demanda de activos considerados refugio, como el oro y la plata.
Para las mineras, el impacto bursátil suele ser más inmediato que el operativo. Sus ingresos dependen directamente de cotizaciones internacionales que fluctúan a diario, mientras que sus costos responden a dinámicas distintas. Cuando el precio del metal cae con rapidez, el mercado ajusta las valuaciones casi de forma automática.
Peñoles ejemplificó esa dinámica. Con exposición tanto a metales preciosos como industriales, la emisora funciona como referencia del sector en México. El retroceso coincidió con una jornada particularmente negativa para el oro y la plata.
Grupo México enfrentó una presión similar, aunque su perfil está más ligado al cobre, un insumo clave para industria e infraestructura. La caída reflejó que, en sesiones dominadas por ventas en materiales básicos, el mercado tiende a generalizar el castigo sin distinguir matices.
El episodio deja una lección vigente: la volatilidad en los metales se transmite con rapidez a las acciones mineras. Sin embargo, una jornada negativa no altera los fundamentos productivos de largo plazo. Lo que cambia es el ánimo del mercado, influido por el dólar, las tasas de interés y el pulso geopolítico que seguirá marcando el rumbo en el corto plazo.














