Lundin Gold decidió acelerar su apuesta en Ecuador con un anuncio que refuerza su compromiso de largo plazo. La minera canadiense prevé invertir cerca de US$100 millones en 2026 para intensificar la exploración en el entorno de su mina Fruta del Norte, ubicada en la provincia amazónica de Zamora Chinchipe. El objetivo es claro: extender la vida útil del yacimiento y robustecer el inventario de recursos en un contexto de precios elevados del oro.
El programa forma parte de una campaña de tres años iniciada en 2025 y contempla alrededor de 133.000 metros de perforación. Actualmente, la empresa opera con siete equipos de barrenación subterránea y once en superficie, enfocados tanto en expansión de recursos como en la evaluación de nuevos objetivos. El despliegue refleja la intención de sostener y eventualmente ampliar el perfil productivo de uno de los activos más relevantes del país.
Fruta del Norte comenzó a producir a fines de 2019 como la primera gran mina subterránea industrial de Ecuador. En 2025, la operación estuvo cerca de alcanzar las 500.000 onzas de oro. Ese mismo año, las exportaciones vinculadas al proyecto rondaron los US$1.800 millones entre concentrados y barras doré, consolidando su peso en la balanza minera nacional.
La estrategia de exploración no se limita a incrementar el metraje perforado. Lundin Gold busca transformar descubrimientos iniciales en recursos económicamente explotables y comprender mejor la geología del distrito. En ese proceso, identificó sistemas tipo pórfido de cobre en las cercanías del yacimiento aurífero, un hallazgo que amplía el horizonte técnico y estratégico del proyecto.
Un comunicado difundido el 12 de febrero detalló avances en un corredor de pórfidos cobre-oro adyacente a Fruta del Norte. La compañía informó que el corredor se extiende por al menos 10 kilómetros tras confirmar un quinto sistema mineralizado. Entre los resultados destacados figura un intercepto de 322,30 metros con 1,08% de cobre equivalente en el objetivo Sandia, próximo a superficie.
La relevancia de estos datos radica en la diferencia entre sistemas. Mientras Fruta del Norte es un depósito epitermal de alta ley, los pórfidos suelen caracterizarse por grandes volúmenes y continuidad, aunque con leyes más moderadas. Si se confirma escala y condiciones metalúrgicas favorables, la infraestructura existente podría facilitar una futura integración, siempre que el entorno regulatorio y social acompañe.
En diciembre, la empresa presentó su guía operativa y financiera para el período 2026-2028. Proyecta una producción anual de entre 475.000 y 525.000 onzas de oro, con costos AISC estimados entre US$1.110 y US$1.170 por onza vendida, bajo ciertos supuestos de precio. Estas cifras ofrecen al mercado una hoja de ruta clara para los próximos años.
En ese mismo anuncio, Lundin Gold señaló que la campaña de exploración alcanzará US$85 millones, la más ambiciosa en su historia. El presupuesto cercano a US$100 millones para 2026 sugiere gastos adicionales en estudios técnicos, plataformas y trabajo regional. La señal es inequívoca: la compañía privilegia una visión estratégica por encima de resultados trimestrales.
El plan también contempla decisiones relevantes sobre expansión operativa. La empresa evalúa avanzar con el desarrollo de Fruta del Norte South en la primera mitad de 2026 y analiza aumentar la capacidad de la mina y la planta más allá de 5.500 toneladas diarias. Estas iniciativas se complementan con capital de mantenimiento estimado entre US$75 y US$90 millones.
En términos macroeconómicos, el impacto del proyecto es significativo. Entre 2019 y el tercer trimestre de 2025, la mina acumuló aproximadamente 2,51 millones de onzas producidas y exportaciones netas por US$5.259 millones. Además, la compañía reportó aportes fiscales por US$505 millones entre 2016 y 2024, con una contribución proyectada de US$432 millones para 2025.
El contexto ecuatoriano, sin embargo, plantea desafíos. Aunque el país posee amplio potencial geológico, el desarrollo de la minería a gran escala ha sido más gradual que en otras jurisdicciones andinas. Oposición comunitaria, litigios y ajustes regulatorios frecuentes forman parte de un entorno que exige planificación cuidadosa y gestión social constante.
El Gobierno ha reconocido también la presión de la minería ilegal y anunció en 2025 una tasa de fiscalización para fortalecer controles. Paralelamente, reabrió el registro de concesiones mineras con una implementación escalonada que apunta a 2026 para proyectos de mayor escala. Estas medidas buscan ordenar el sector y atraer inversión formal, en un escenario donde la seguridad jurídica resulta determinante.
En Zamora Chinchipe, la empresa sostiene que opera bajo estándares ambientales estrictos y mantiene procesos de diálogo con comunidades, incluidos pueblos indígenas como los shuar. El desafío consiste en traducir el impulso exploratorio en descubrimientos viables técnica y socialmente. En un ciclo alcista del oro, Lundin Gold apuesta por crecimiento orgánico, mientras Ecuador enfrenta la oportunidad —y la prueba— de consolidarse como destino competitivo para la minería responsable.














