El cobre inició 2026 con marcada volatilidad y movimientos alcistas que han resultado difíciles de sostener. Según Scotiabank, el metal alcanzó recientemente un nuevo máximo histórico por encima de los US$6 por libra, en un contexto donde la fortaleza del dólar (DXY) también ha influido en las posteriores correcciones de precio.
Durante 2025, el cobre acumuló un alza de 42%, impulsado por su rol estratégico en electrificación, construcción, nuevas tecnologías, data centers y transición energética. En lo que va de 2026, el avance es de 3,5%, aunque el ritmo se ha moderado tras el fuerte incremento de 12% registrado en enero.
En febrero, el mercado ha mostrado señales de ajuste. El informe señala que el cobre “toma un respiro” luego del rally iniciado a fines de 2025, con tomas de ganancias y señales de menor demanda física en China. Los precios récord han elevado los costos para compradores industriales, afectando el dinamismo del consumo.
Un indicador de esta moderación es la prima Yangshan —que refleja el sobreprecio que paga el mercado chino respecto a la cotización en la LME—, la cual descendió hasta US$20 por tonelada en enero, su nivel más bajo desde junio de 2024. Una prima más baja suele interpretarse como menor disposición a pagar por importaciones y una demanda física más contenida, lo que sugiere que valores sobre US$6 por libra podrían no ser sostenibles en el corto plazo.
El aumento de inventarios también ha respaldado la corrección. En Comex se registraron niveles récord en meses recientes debido al reabastecimiento ante eventuales aranceles en Estados Unidos. A su vez, los inventarios crecieron en la LME y en Shanghái, en línea con una demanda china más moderada y con la desaparición del arbitraje entre mercados, lo que habría desviado suministros hacia otras plazas.
En el corto plazo, el Año Nuevo Lunar podría actuar como nuevo factor de ajuste. En China, las celebraciones implican hasta diez días de feriados, periodo en que la actividad industrial y logística se desacelera y tiende a acumular inventarios estacionales. No obstante, a mediano y largo plazo, las perspectivas siguen siendo favorables: la demanda estructural ligada a electrificación, transición energética e inteligencia artificial se mantiene sólida, mientras la limitada incorporación de nuevos proyectos mineros anticipa un mercado ajustado y potenciales déficits en los próximos años.














