Mar. Feb 10th, 2026

Chile exporta más cobre en valor, pero sus grandes yacimientos producen menos

El cobre partió 2026 con un impulso claro y Chile lo percibió de inmediato en sus ingresos externos. En enero, los envíos del metal alcanzaron unos 4.550 millones de dólares, lo que implicó un aumento interanual de 7,9%, de acuerdo con cifras oficiales citadas por Bloomberg. Sin embargo, el crecimiento no vino acompañado por un mayor volumen exportado.

La clave estuvo en el precio. El valor promedio del cobre se elevó cerca de 34% respecto del año anterior, compensando la debilidad productiva. Así, el país exportó menos toneladas, pero obtuvo más dólares, una combinación que hoy marca el pulso del sector minero chileno.

Ese contraste resume una tensión estructural. Mientras el mercado celebra precios altos y el fisco recibe alivio, varias faenas enfrentan dificultades operativas, menor ley del mineral y retrasos en proyectos. Durante los últimos meses de 2025, la producción cayó frente al mismo período del año previo, según cifras sectoriales difundidas por la prensa.

En el plano global, el cobre se consolidó como indicador del proceso de electrificación y del ciclo industrial. Cuando el precio sube con fuerza, suele interpretarse como señal de escasez de oferta. Aunque ese diagnóstico tiene fundamentos, no explica todo: también influyen expectativas financieras, posicionamiento de inversionistas y apuestas de corto plazo.

Chile se encuentra en el centro de esa complejidad. La madurez de sus yacimientos eleva los costos geológicos: baja la ley, aumenta el material estéril y cada nueva tonelada exige más energía, agua e inversión. A esto se suma un entorno regulatorio y social más exigente, con mayor escrutinio sobre permisos, relaves y carga tributaria.

Un ejemplo visible es Quebrada Blanca, operada por Teck. La compañía redujo sus proyecciones de producción para los próximos años tras detectar problemas en el manejo de relaves y material de desecho. Reuters informó que la guía para 2026 fue recortada de forma relevante, vinculada a limitaciones operativas y mayores necesidades de inversión.

La seguridad amplificó el impacto del caso. Según Reuters, reguladores y trabajadores advirtieron riesgos en la infraestructura del depósito de relaves, como grietas y filtraciones, lo que activó investigaciones y mayor vigilancia. En minería moderna, fallas en la gestión de desechos pueden frenar proyectos incluso cuando la calidad del mineral es adecuada.

Los factores laborales también pesan. Capstone Copper enfrentó una huelga en Mantoverde que redujo significativamente su operación. Durante el paro, la empresa solo pudo sostener una fracción de su capacidad, aunque posteriormente informó el término del conflicto y el plan para retomar el 100% de producción.

Con menores leyes, ramp-ups más lentos y conflictos laborales, el país puede mostrar más ingresos y menos producción física. Desde fuera, el desempeño parece sólido por el valor exportado; desde dentro, el diagnóstico es más prudente: el precio ayuda, pero no reemplaza productividad ni corrige cuellos estructurales.

La inversión aparece como el debate de fondo. Codelco, el mayor productor mundial, sigue presionada por yacimientos envejecidos y grandes proyectos estructurales. Reuters reportó que su presupuesto 2026 contempla inversiones por unos 3.914 millones de dólares, por debajo de años previos, con una producción proyectada de 1,344 millones de toneladas y un precio de referencia cercano a 4,90 dólares la libra.

En este contexto, el auge del cobre puede resultar engañoso. Si la inversión se modera justo cuando la geología se vuelve más compleja, el país corre el riesgo de disfrutar abundancia de corto plazo y enfrentar escasez más adelante. Chile aún tiene ventajas claras, pero el desafío ya no es solo producir más, sino ejecutar mejor en un entorno más exigente y competitivo.

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