Eldorado Gold acordó la adquisición de Foran Mining en una operación valuada en alrededor de C$3.8 mil millones, con la que el productor aurífero canadiense refuerza su exposición al cobre y suma un proyecto con crecimiento de corto plazo dentro de Canadá. El movimiento llega en un momento en que el mercado premia a las mineras con inventario de cobre, por su papel en electrificación, redes eléctricas, centros de datos y manufactura, mientras la industria busca equilibrarse frente a la volatilidad del oro y los altos costos de capital asociados a nuevos desarrollos.
La transacción se estructuró mayoritariamente como un intercambio de acciones. Foran recibirá 0.1128 acciones de Eldorado por cada título, además de un pago en efectivo simbólico, lo que dejará a los accionistas de Foran con cerca de una cuarta parte de la empresa combinada. Eldorado conservará el control, en un diseño que el mercado suele interpretar como una señal de disciplina financiera y alineación de intereses de largo plazo.
El activo central de la operación es McIlvenna Bay, un proyecto de cobre y zinc con créditos de oro y plata ubicado en Saskatchewan. Foran desarrolló el yacimiento dentro de un distrito minero activo que aún ofrece potencial de exploración, incluido el objetivo Tesla. Más allá de la geología, la ubicación suma valor por su infraestructura, mano de obra especializada y un marco regulatorio predecible, elementos que reducen el riesgo frente a jurisdicciones más complejas.
Eldorado no solo compra cobre, sino calendario. Tanto McIlvenna Bay como Skouries, el proyecto oro-cobre que la compañía desarrolla en Grecia, apuntan a producción comercial hacia mediados de 2026. Esa coincidencia define la narrativa financiera del grupo: dos nuevos motores entrando en operación casi al mismo tiempo, con el oro como base histórica y el cobre como puerta más directa al ciclo industrial.
En sus comunicaciones, Eldorado proyecta una producción cercana a 900 mil onzas equivalentes de oro para 2027 y anticipa una generación relevante de utilidades operativas y flujo libre. El mensaje al mercado es claro: desplazar la conversación desde el costo de construcción hacia la capacidad de generación de caja una vez superada la etapa de arranque, aunque esa promesa exige cautela, porque en minería los primeros meses de operación suelen marcar la diferencia entre el plan y la realidad.
Aquí aparece un matiz clave. Los proyectos polimetálicos pueden mostrar costos atractivos gracias a los créditos por subproductos, pero esa ventaja depende de una ejecución precisa en planta y de una gestión eficiente de concentrados. Los términos de fundición y refinación, junto con posibles penalidades, influyen de forma directa en los ingresos netos. Eldorado apuesta a que su escala y experiencia operativa le permitirán administrar mejor esos riesgos que un desarrollador independiente.
La operación también refleja el clima corporativo en Canadá, donde los grandes productores buscan activos avanzados, con permisos claros y una ruta definida hacia producción. En un entorno de mayor escrutinio ambiental y social, los proyectos greenfield enfrentan barreras más altas, lo que convierte a activos en construcción en objetivos naturales de consolidación, siempre que el cronograma sea creíble.
Desde México, la noticia funciona como un espejo incómodo. El país cuenta con recursos y experiencia minera, pero enfrenta una conversación pública marcada por incertidumbre regulatoria, permisos más lentos y tensiones sociales en algunas regiones. Mientras Canadá vende previsibilidad, México necesita reconstruir confianza si quiere capturar la demanda de cobre, zinc y plata que traerá el nearshoring y la expansión de infraestructura eléctrica.
En conjunto, la compra de Foran luce alineada con una tendencia estructural: el cobre gana peso como metal estratégico y las mineras de oro buscan diversificar su flujo. El éxito, sin embargo, dependerá menos del relato y más de la ejecución. Dos proyectos en rampa al mismo tiempo exigen disciplina operativa y capacidad de respuesta. Si Eldorado cumple, fortalecerá su relevancia en dos metales clave; si falla, el mercado volverá a recordar que el paso de construcción a producción suele ser el más costoso de todos.














