Mar. Ene 20th, 2026

Producción de cobre en Perú cae 11,2% en noviembre y genera cautela sobre cierre de 2025

Perú registró un retroceso importante en su principal metal de exportación. La producción de cobre cayó 11,2% interanual en noviembre de 2025, alcanzando 216,152 toneladas métricas, según datos del Ministerio de Energía y Minas citados por medios locales. Esta caída genera atención por su impacto en la economía y la posición del país en el mercado global del cobre.

El descenso mensual tiene relevancia por dos motivos. Primero, el cobre representa una porción significativa de los ingresos externos de Perú. Segundo, en un mercado internacional ajustado y con déficits en inventarios, cada décima de producción cuenta para mantener la competitividad del país frente a otros productores.

A pesar de la caída de noviembre, el balance anual no resulta alarmante. Entre enero y noviembre, la producción creció 1,6% frente al mismo periodo de 2024, sumando alrededor de 2,5 millones de toneladas métricas. Este contraste indica que, aunque 2025 tuvo meses con buena tracción, también mostró episodios de volatilidad operativa en ciertos períodos.

El retroceso de noviembre responde a una combinación de factores productivos. La ley del mineral juega un rol clave: cuando disminuye, se requiere mover más material para obtener el mismo cobre fino, elevando costos y afectando planes de mina. Además, los mantenimientos programados y ajustes en plantas concentradoras suelen concentrarse en determinados meses, y noviembre no es la excepción.

El componente social también influye en los volúmenes mensuales. Perú enfrenta conflictos recurrentes alrededor de corredores mineros, uso del agua, tránsito y acuerdos comunitarios. Protestas que interrumpen accesos o ralentizan la logística afectan rápidamente la producción, un fenómeno documentado en reportes anteriores de Reuters sobre bloqueos en el cinturón cuprífero.

Otro elemento a considerar es que la caída mensual no necesariamente refleja la tendencia anual. Si bien el acumulado crece y un mes muestra retroceso, esto evidencia “cuellos de botella” intermitentes: paradas, cambios en la secuencia minera, variaciones en la ley del mineral o tensiones locales. Estas interrupciones importan, porque el mercado valora confiabilidad operativa además de volumen.

Finalmente, la caída de noviembre pone énfasis en la necesidad de fortalecer la plataforma productiva peruana. Mantener altos niveles de producción requiere proyectos maduros, ampliaciones oportunas y greenfields que compensen el deterioro natural de los yacimientos. La coyuntura internacional, marcada por demanda firme por electrificación y riesgo de interrupciones globales, refuerza el rol estratégico de Perú en el cobre.

El cobre peruano no solo impulsa exportaciones, sino que sostiene empleo, canon y proveedores. Por ello, el debate público combina urgencia por destrabar inversiones con exigencias ambientales y sociales. La clave está en la gestión: prever permisos, garantizar relaciones comunitarias sólidas y mantener monitoreo transparente para evitar bloqueos que afecten la producción.

El desafío para 2026 consiste en transformar la resiliencia demostrada en continuidad operativa. Esto implica optimizar plantas, reforzar mantenimientos predictivos, asegurar logística y consolidar acuerdos locales. Si Perú logra alinear operación, permisos y territorio, el cobre seguirá siendo un ancla macroeconómica. De lo contrario, las caídas puntuales podrían volverse recurrentes y el país perdería competitividad frente a otros productores que no detienen su ritmo.

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