En Shanghái, el tradicional punto de encuentro donde cada año la industria define el precio del procesamiento del cobre, esta vez la referencia cayó al mínimo absoluto. Antofagasta, uno de los mayores productores de Chile, habría acordado para 2026 cargos de tratamiento y refinación de US$0 por tonelada y 0 centavos por libra con una fundición china, según dos fuentes cercanas a la negociación.
La cifra no es menor porque suele marcar el pulso del mercado. Cuando Antofagasta fija un nivel, ese valor se convierte en guía para contratos anuales y renegociaciones posteriores. En esta ocasión, el acuerdo llegó tras conversaciones prolongadas que una de las fuentes describió como especialmente complejas y exigentes.
El contraste con el año anterior es marcado. Para 2025, Antofagasta y Jiangxi Copper habían pactado cargos de US$21.25 por tonelada y 2.125 centavos por libra, ya considerados bajos frente a promedios históricos. El salto desde ese nivel hasta cero envía una señal contundente al resto de la industria.
En el negocio del cobre, los llamados TC/RC representan el pago que el minero realiza a la fundición por transformar el concentrado en metal refinado. En condiciones normales, estos cargos reflejan un equilibrio entre oferta y demanda. Cuando el mercado se tensiona, ese balance se rompe y redefine quién captura mayor valor.
Actualmente, la escasez de concentrado ha inclinado la balanza a favor de los productores mineros. Durante varios momentos de 2025, los cargos spot llegaron incluso a terreno negativo, una anomalía que implica que las fundiciones ceden valor para asegurar suministro. En ese contexto, un acuerdo anual en cero deja de parecer extremo.
China juega un papel central en esta dinámica. Es el mayor consumidor y productor de cobre refinado del mundo, y su estrategia ha sido asegurar metal y expandir capacidad de fundición. Sin embargo, esa expansión ha generado un desequilibrio: demasiadas plantas compitiendo por un suministro que crece con lentitud.
Diversos análisis han descrito esta situación como una crisis de márgenes para las fundiciones. La capacidad instalada aumentó más rápido que la oferta minera, lo que presiona los ingresos y reabre el debate sobre la conveniencia de seguir construyendo nuevas plantas en el país.
El malestar también se ha expresado públicamente. Representantes de la industria china han rechazado la idea de procesar concentrado a costo cero o negativo, y en las últimas semanas surgieron reportes sobre la suspensión de trabajos en algunos proyectos, como señal de cautela frente al deterioro de los márgenes.
En ese sentido, el “cero” no es solo un dato comercial. Se convierte en un argumento dentro de la discusión interna china sobre política industrial, disciplina de capacidad y seguridad de suministro, tres ejes que hoy entran en tensión.
Las fuentes no revelaron el nombre de la fundición que cerró el acuerdo con Antofagasta, dado el carácter privado de la negociación. Aun así, el mercado apuntaba a Jiangxi Copper, uno de los grandes actores del sector y habitual referencia en los acuerdos anuales.
La relación entre Antofagasta y las fundiciones chinas ya había marcado un precedente. A mediados de 2025, se conoció un arreglo temporal en niveles de cero, interpretado entonces como un resultado extremo pero consistente con la escasez de concentrado. El nuevo acuerdo para 2026 consolida esa tendencia.
Para el productor minero, un TC/RC más bajo implica capturar una mayor porción del valor de su material. Ese resultado no surge de concesiones, sino de un entorno donde el concentrado es escaso y los compradores compiten intensamente por asegurar suministro.
Para las fundiciones, en cambio, el impacto es directo sobre la rentabilidad. Sin ingresos por tratamiento, la operación depende de eficiencias internas, subproductos como oro, plata o ácido sulfúrico, y de la integración comercial, factores que ayudan pero no sustituyen el ingreso principal.
Este cambio tiene efectos en cadena. El nivel de cero presiona negociaciones en otras regiones como Japón, Corea del Sur y Europa, donde algunas fundiciones ya evalúan ajustes operativos ante la falta de rentabilidad.
Chile observa este escenario desde una posición de fortaleza, al concentrar una parte clave de la oferta global. Sin embargo, también enfrenta riesgos: si las fundiciones reducen actividad de forma abrupta, pueden surgir cuellos de botella y mayores costos logísticos. El acuerdo de Antofagasta deja una señal clara: la escasez de concentrado es real y el mercado ya no intenta disimularla.














