El año 2026 se perfila como un periodo favorable para la minería peruana, aun en un contexto marcado por el avance de la minería ilegal y la incertidumbre política asociada a las próximas elecciones generales. Pese a estos factores, el sector mantiene expectativas positivas sustentadas en fundamentos económicos sólidos.
La estabilidad macroeconómica del país y el sostenido incremento de los precios internacionales de los metales, especialmente del cobre, oro y plata, continúan respaldando la confianza de los inversionistas. Para María Cristina Alva, socia del área minera de CMS Grau, estos elementos son suficientes para sostener el flujo de capitales hacia el Perú.
Según la especialista, este escenario se mantendría con independencia de quién resulte elegido presidente. “Cualquier gobierno tendrá que tratar bien a la minería, porque representa alrededor del 11% del PBI y una fuente clave de ingresos fiscales y divisas”, señala.
Las exportaciones mineras reflejan esta fortaleza. En 2025, los envíos del sector alcanzarían un nuevo récord, superando los US$47.934 millones registrados en 2024, impulsados principalmente por los altos precios de los commodities.
Las inversiones también muestran signos de recuperación, incluyendo aquellas destinadas a exploración, un rubro que había retrocedido en años recientes. Gustavo De Vinatea, gerente general del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP), atribuye este repunte a una mejora gradual en el entorno para la inversión, tras un periodo marcado por políticas públicas poco favorables.
De acuerdo con cifras del Ministerio de Energía y Minas, a octubre de 2025 la inversión en exploración minera alcanzó los US$597 millones. Para De Vinatea, esta tendencia no solo se mantendría, sino que se fortalecería en 2026, lo que resulta clave para descubrir nuevos yacimientos.
El ejecutivo advierte que el país arrastra una brecha importante en el desarrollo de grandes proyectos. “El último gran proyecto minero que se ha puesto en marcha es Quellaveco”, recuerda, señalando que la falta de nuevas iniciativas, especialmente de cobre y oro, limita la capacidad del país para capitalizar los altos precios internacionales.
En ese sentido, los récords de ingresos obtenidos por los productores se explican más por el factor precio que por un aumento de volúmenes. Entre enero y octubre, la producción de cobre creció apenas 3%, mientras que la de oro avanzó solo 0,4%.
“No deberíamos conformarnos con crecer poco”, advierte Alva, quien considera que el país está desaprovechando una oportunidad histórica para expandir su producción minera y consolidar su liderazgo en el mercado global.
Para los especialistas consultados, alcanzar un crecimiento más robusto exige enfrentar tres desafíos centrales: el avance de la minería ilegal, las demoras en la tramitación de permisos y la persistente conflictividad social en zonas de influencia minera.
Carlos Casas, director del Centro de Estudios sobre Minería y Sostenibilidad de la Universidad del Pacífico, alerta que el crecimiento previsto para 2026 estará impulsado principalmente por los precios, pero que la minería ilegal representa una amenaza seria para las perspectivas de mediano plazo. Este problema, subraya, ya afecta tanto a operaciones auríferas como cupríferas.
Desde el IIMP, De Vinatea coincide en que el combate a la minería ilegal debe ser prioritario, aunque remarca la importancia de diferenciarla de la pequeña minería y la minería artesanal que buscan formalizarse. En ese marco, plantea la necesidad de una Ley MAPE que evite que el país derive hacia un esquema dominado por la informalidad.
El otro gran cuello de botella sigue siendo la obtención de permisos. Alva señala que, aunque existe capital disponible para ejecutar proyectos, la excesiva permisología dilata los plazos y dificulta la planificación de inversiones. No obstante, destaca los esfuerzos del Senace, que ha reducido los tiempos de evaluación ambiental y apunta a recortes aún mayores hacia 2026.
Finalmente, el 2026 podría marcar avances concretos en la cartera de proyectos. La construcción de Tía María ya está en marcha, mientras que Zafranal y Pampa de Pongo podrían iniciar obras, junto con progresos en La Granja y Michiquillay. Según Adán Pino, vicepresidente de exploraciones de Barrick para Latinoamérica, el contexto de precios altos favorecerá la aparición de nuevos proyectos de cobre y oro en los próximos años.














