La minería en Chile enfrenta en 2026 un escenario marcado por una alta incertidumbre, influida por mayores tensiones geopolíticas, presiones persistentes de costos y la creciente demanda de materiales críticos para la transición energética y tecnológica. Así lo señala la 19ª edición del estudio global de EY “Top 10 business risks and opportunities for mining and metals”, que sitúa el aumento de costos y la productividad como el principal riesgo del sector.
El informe advierte que la disminución de la ley de los minerales, la explotación de yacimientos más profundos y remotos, junto con brechas de habilidades en la fuerza laboral, están afectando la estabilidad productiva y generando cuellos de botella. Estas dificultades impactan directamente en la confianza de los inversionistas y en el acceso a financiamiento para nuevos proyectos.
Según Alicia Domínguez, socia líder de Energía y Minería de EY Chile, los incumplimientos de metas productivas tienen efectos inmediatos en los mercados. En ese contexto, subraya la necesidad de fortalecer los sistemas de gestión y de incorporar tecnologías predictivas que permitan anticipar interrupciones y mejorar la confiabilidad operacional.
El estudio también destaca que, pese a los altos precios de algunos commodities, los márgenes se ven presionados por el aumento de los costos energéticos y laborales, mayores impuestos y regalías, además de exigencias regulatorias cada vez más estrictas. Este entorno obliga a las compañías a reforzar su disciplina financiera y operativa.
En el ranking de riesgos, la fuerza laboral ocupa el segundo lugar, seguida por la geopolítica en el tercero. Más atrás aparecen el agotamiento de reservas y recursos, la complejidad operacional, el desarrollo de nuevos proyectos, la licencia para operar, el acceso a capital, los cambios en los modelos de negocio y, finalmente, la digitalización e innovación.
Pese a este panorama desafiante, EY identifica oportunidades para aquellas empresas que logren alinear innovación, sostenibilidad y estrategia. El informe concluye que la integración de digitalización, energías renovables y gestión del talento permitirá transformar la incertidumbre en una ventaja competitiva, incluso en un contexto de alta volatilidad global.














