La Universidad de Arizona encabeza un ambicioso esfuerzo científico que podría transformar la percepción histórica de los relaves mineros del estado. Bajo la dirección de la doctora Isabel Barton, el University Tailings Center desarrolla un proyecto de 3.6 millones de dólares, financiado por Arbor, para evaluar si los desechos de antiguas minas de cobre —que superan los 17 mil millones de toneladas— contienen minerales críticos recuperables y elementos peligrosos susceptibles de mitigación.
Durante décadas, estos relaves fueron considerados un residuo sin valor. Sin embargo, el creciente nivel de dependencia de Estados Unidos respecto de minerales importados y la necesidad de fortalecer cadenas de suministro nacionales han cambiado radicalmente esa visión. Hoy, estos depósitos adquieren una relevancia estratégica tanto económica como ambiental.
El estudio busca no solo identificar la presencia de minerales como arsénico, zinc o incluso tungsteno, sino también reducir los riesgos ecológicos asociados a su acumulación. Según Barton, el proyecto combina sensores remotos, muestreo en terreno, caracterización mineralógica avanzada y análisis técnico-económicos para obtener una visión integral del potencial de los relaves.
Uno de los hallazgos preliminares más relevantes ha sido la detección de minerales no esperados en ciertos sitios, lo que sugiere oportunidades de revalorización mayores a las previstas. Aunque el estudio no pretende aún definir recursos formales, sí apunta a reducir la incertidumbre técnica y económica que hoy limita futuras iniciativas de reprocesamiento.
La iniciativa surgió a partir de una inquietud de la Oficina del Inspector Estatal de Minas de Arizona, que planteó si los miles de millones de toneladas de relaves podían representar una fuente doméstica de elementos críticos. “Muchos de estos minerales también son ambientalmente peligrosos. Si logramos recuperarlos, reducimos el riesgo ecológico y fortalecemos el suministro nacional”, explicó Barton a MINING.com.
En Arizona, los relaves de cobre crecen a un ritmo superior a los 100 millones de toneladas métricas por año. En el pasado, la industria apenas caracterizaba estos materiales, ya que no existía un incentivo económico para hacerlo. Hoy, con nuevas necesidades tecnológicas y geopolíticas, esa falta de información se ha vuelto un problema estratégico.
El proceso de revalorización comienza con un mapeo detallado. El equipo utiliza drones para cartografiar instalaciones específicas y cruza esa información con datos aportados por compañías mineras que han iniciado estudios propios sobre sus relaves. Esto permite focalizar los análisis en zonas con mayor concentración de elementos críticos.
Paralelamente, se evalúa la viabilidad económica. El equipo ya realiza pruebas con métodos estándar como separación magnética y lixiviación básica, cuyos resultados se integran en modelos económicos que determinan bajo qué condiciones de mercado la extracción podría ser rentable.
El arsénico ejemplifica las contradicciones del debate. Tradicionalmente rechazado por su toxicidad, hoy es indispensable para la fabricación de semiconductores, circuitos integrados, paneles solares y municiones. Estados Unidos lo importa en su totalidad, por lo que producirlo localmente, incluso en volúmenes modestos, tendría un valor estratégico significativo.
Más allá del potencial económico, el proyecto reaviva el interés por una industria que ha perdido protagonismo en las últimas décadas. Barton advierte sobre el envejecimiento de la fuerza laboral minera y la necesidad de formar nuevos profesionales. En un contexto marcado por la transición energética, la revolución tecnológica y las tensiones geopolíticas, la minería —y en particular los relaves— podría convertirse en un pilar clave para una cadena de suministro más segura, trazable y sostenible.














