La Lima que no pudo ser: proyectos inconclusos a lo largo de la historia

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PALACIO SIN CÚPULA
Pocos edificios públicos de Lima han sabido conservar la belleza de sus instalaciones como el Palacio de Justicia. Pero aun así esta admirable construcción es una obra inconclusa.

El proyecto empezó en febrero de 1908 cuando una ley del gobierno de José Pardo dispuso que un nuevo palacio se ubique “en el lado sur de la plaza San Martín”, pero un litigio judicial impidió que se construya sobre el terreno designado. Recién en mayo de 1928 se decidió la nueva locación y el entonces presidente Augusto B. Leguía aprobó que la edificación fuera una copia fiel del Palacio de Justicia de Bruselas.

Palacio Bruselas

El Palacio de Justicia de Bruselas sirvió de inspiración para el proyecto a construirse en Lima. (Poder Judicial)

Las obras se iniciaron en junio de 1929 a cargo de la firma The H. G. Gildred Company con un presupuesto de 500 mil libras peruanas que pronto se elevaría a 875.441. El golpe de Estado de 1930 frenó la construcción y no fue hasta 1937 que el gobierno de Óscar R. Benavides dispuso la continuación de la obra que acabaría dos años después.

Cuentan que el día de la inauguración un juez le preguntó al presidente qué le pareció el Palacio. El mariscal Benavides, burlándose de la baja estatura del magistrado, dijo: “Me parece mucho palacio para tan poca justicia”. “Yo veo mucha medalla para tan poca batalla”, habría recibido de respuesta.

Pero ahí no queda la historia. En su discurso inaugural, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Manuel Benigno Valdivia, se convirtió en el aguafiestas de la jornada. Luego de declarar su beneplácito por las formas elegantes, armónicas y amplias del inmueble, le hizo notar a todos los presentes que faltaba la cúpula y los muebles. : “Falta la construcción de la cúpula que corone el edificio y de la que no puede prescindirse sin que disminuya su mérito arquitectónico y su valor artístico; y la dotación del mobiliario indispensable para el funcionamiento de las diversas reparticiones”.

La cúpula, de 40 metros de altura, según los planos del ingeniero Bruno Paprosky, debía tener tres cuerpos de forma cuadrada y estatuas en los vértices; el último cuerpo remataba en una cupulina sobre la que iría el asta de la bandera.

Pero su construcción se fue aplazando año tras año, década tras década, hasta que en 1957 el gobierno se propuso retomar la obra. Pero si en 1939 la cúpula tenía un costo de 700 mil soles, 18 años después su precio se elevó a 4,5 millones. Los arquitectos más reconocidos de la época, Héctor Velarde, Emilio Hart y el propio Fernando Belaunde Terry, indicaron que primero se debía cerciorar si la estructura del edificio podría resistir el peso y luego evaluar si el gasto estatal valdría la pena. Al final, ni lo uno ni lo otro. 

Simplemente, nunca se construyó.

Palacio de Justicia

Vista frontal del Palacio de Justicia, en el Centro de Lima. (Poder Judicial)

BASILICA DE SANTA ROSA
Fernando Belaúnde Terry fundó en 1937 la revista “El Arquitecto Peruano” que hasta 1977 presentó importantes artículos sobre arquitectura, urbanismo y conservación de monumentos históricos.

En enero de 1939 la revista publicó el proyecto de una gran basílica dedicada a Santa Rosa de Lima. Según el blog del historiador Juan Luis Orrego: “Iba a tener una gran portada coronada con la imagen de la santa limeña, precedida por una gran plaza y un sendero procesional hacia unas escalinatas de piedra. El proyecto era del arquitecto Héctor Velarde y se basaba en uno que había sido escrito por Manuel Piqueras Cotolí. De esta manera, se formó el Comité Nacional de Señoras Pro-Basílica Santa Rosa, presidido por Anita Fernandino de Álvarez-Calderón”.

Basílica Santa Rosa

Basílica de Santa Rosa de Lima elaborada por el arquitecto Héctor Velarde inspirado en uno escrito por Manuel Piqueras Cotolí. (Ilustración: “Arquitectura para una ciudad fragmentada”)

Sin embargo, la monumentalidad del proyecto y el carácter indigenista del mismo fue mal visto por los sectores conservadores en ese momento. Además, no era fácil encontrar un terreno que pudiera albergar 35 mil metros cuadrados de obra: 5 mil para la basílica y el resto para jardines. Construirla también implicaba demoler el convento y claustro de Santa Rosa en la avenida Tacna. El Cerro San Cristóbal era el lugar más voceado como posible sede. Pero, finalmente, el 15 de abril de 1959, se declaró Monumento Nacional al convento de Santa Rosa de la avenida Tacna y se puso punto final al proyecto.

Santa Rosa

El 15 de abril de 1959, se declaró Monumento Nacional al convento de Santa Rosa de la avenida Tacna.

LA VISIÓN URBANISTA DE PEDRO PAULET
Tan asombrosos como su nave espacial, son los proyectos arquitectónicos de Pedro Paulet (1874-1945). En 1910, la Municipalidad de Lima convocó a un concurso para construir en La Victoria casas baratas para obreros, que serían asignadas por sorteo.

Paulet, el visionario, participó haciendo modelos, ganó el concurso, pero lamentablemente hoy no queda ninguna de esas construcciones.

En 1933, siendo cónsul peruano en la ciudad japonesa de Yokohama, Paulet envío un proyecto para modernizar el Rímac. Incluía una basílica a Santa Rosa de Lima sobre el cerro San Cristóbal que debía ser el monumento más grande del mundo, una laguna para hidroaviones con aguas del río Rímac y un tramo de una carretera interoceánica.”El proyecto urbanístico de Paulet tenía como núcleo el cerro San Cristóbal. De ahí saldrían tres carreteras: una hacia el Callao, como entrada para los visitantes extranjeros; otra hacia el Cusco -uniendo la antigua y la nueva capital del Perú-; y una tercera hacia la Amazonía para facilitar el poblamiento de nuestra selva por inmigrantes europeos. Esta vía se uniría con otra construida por Brasil para lograr una salida hacia el Atlántico”, escribió Álvaro Mejía en El Dominical de El Comercio.

Pedro Paulet

Planos de Pedro Paulet para la urbanización y embellecimiento del norte de Lima, en referencia al distrito del Rímac.

“Paulet confiaba en que lo invertido en las obras sería superado largamente por los ingresos del turismo que atraería la Basílica de la Patrona de América y las Filipinas, Santa Rosa de Lima. Él la imaginaba como el monumento más grande del mundo, capaz de ser apreciada desde aire, mar y tierra. Teniendo al cerro San Cristóbal como pedestal, sería como la estatua de La Libertad para Estados Unidos. Como la aviación le daría al hombre un nuevo punto de vista, los monumentos -decía- deberían tener no solo armonía vertical, sino armonía horizontal. Creía que monumentos como la Iglesia de San Pedro en el Vaticano, el Museo del Louvre de París o el Palacio de Westminster en Londres, no resultaban favorecidos vistos desde el cielo”, explicó Mejía. Nada de esto se volvió realidad.

Basílica Paulet

Los planos de Paulet incluían una Basílica a Santa Rosa de Lima que se ubicaría en el cerro San Cristóbal y sería la más grande del mundo.

AVENIDAS FALLIDAS
En la época del presidente Leguía se buscó prolongar el pasaje Santa Rosa desde la Plaza de Armas hasta la ya mencionada basílica que nunca se construyó. Según el arquitecto, historiador del arte y gestor cultural, Luis Martín Bogdanovich, de haberse hecho esa avenida, la casa de Bolognesi y todas las manzanas alrededor habrían terminado destruidas. “Querían hacer una plaza que uniera el muro lateral de Palacio de Gobierno con el Congreso de la República, y se iban a volar tres manzanas de la parte más antigua de Lima. Todas las casas que hemos recuperado ahora ya no existirían”, declaró Bogdanovich a Luces de El Comercio.

Luego la ciudad comenzó su expansión hacia el sur con la construcción de las avenidas Grau y Alfonso Ugarte. Y aunque hasta 1907, veinticinco automóviles eran casi la totalidad de vehículos en Lima se trazó un plan para la circulación de este diminuto parque automotor. Según el arquitecto Juan Günter, se planearon dos avenidas. Una era La Colmena, llamada Interior, que se terminó en los años cincuenta. “La otra era la avenida Central que salía de la plaza Bolognesi hasta el Jirón de la Unión. Se iba a comer medio Lima pero no se terminó nunca”.

Maps

Según el arquitecto Juan Günter la Av. Central debía unir a la Plaza Bolognesi y el Jirón de la Unión.

El Comercio


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